Hernan por el mundo


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En el campo chino

La última vez que vine a China fue por una razón totalmente diferente a la de ahora, y la experiencia sin lugar a dudas fue también muy diferente. Fue conocer otra cara de este enorme país, desde otra perspectiva. Es que los tres años anteriores me los pasé, por sobre todas las cosas, trabajando, y sobre todo en el ambiente en el que trabajaba, me hizo ver otra realidad, o quizás otra imagen de la misma moneda que a veces parece tan alejada que hasta por momentos me pregunto si realmente estoy en el mismo país.

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Básicamente antes estaba en la ciudad y ahora estoy en el campo, y antes vivía solo y ahora estoy en una casa de familia. La ciudad en la que vivía, Changsha, era una ciudad de las consideradas de nivel medio y debido a eso se veía un crecimiento casi frenético que por ejemplo no se veía en Beijing la cual es considerada una ciudad grande, y si bien crece como toda China ya no lo hace de forma tan acelerada. La realidad también era otra debido que al trabajar como profesor de idiomas me movía en un ambiente en el que casi todas las personas hablaban inglés, lo suficiente al menos para defenderse, y acá la verdad es que casi nadie habla ese idioma más allá de un hello o un thank you. Eso sí, al decir que vengo de Argentina me siguen respondiendo con “el fútbol en tu país es muy bueno” y “ohhh…Messi hen hao (Messi muy bueno)”.

Shilin, el lugar adonde estoy ahora, es un pequeño pueblo en la ciudad de Kunming, en la provincia de Yun Nan. En realidad el pueblo está a unos quince o veinte minutos de auto, yo estoy realmente en el campo, y digo de auto ya que ni siquiera hay colectivos que me acerquen ahí. Es increíble entonces pasar de una ciudad de rascacielos que día y noche no para de crecer repleta de pantallas led y colectivos estilo inglés de dos pisos a una ciudad en la que las casas aún siguen teniendo sus propias vacas y gallinas, y que ambos lugares estén separados tan sólo por una hora de viaje.

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Sin embargo, hay cosas que unen a las dos ciudades y a toda China, y es que cada una a su ritmo no para de crecer. Hace cuatro años cuando estuve acá todo lo que se veía eran cultivos y esa China idílica que uno imagina llena de campos de arroz e interminables plantaciones de todo tipo con las típicas casas de techos puntiagudos. Hoy de eso ya sólo debe quedar un cuarto, y es justo donde estoy yo, y estoy seguro que en unos años incluso va a ser menos de eso. Por supuesto que acá no se ven grades edificios y no hay un subterráneo (metro) super moderno de treinta estaciones, aún, pero ya aparecen estas señoras casas y seguramente en unos años lo otro llegará.

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En la foto no se aprecia tanto, pero en la realidad es todo un barrio de casas tremendas.

La otra cosa que ambos lugares comparten es un optimismo en general de la gente y una enorme fe en el futuro, y es acá donde se ve la diferencia con nosotros. Es que en China es el gobierno el que toma las tierras y sin pedir permiso empieza a construir, algo que para nosotros sería visto como un atropello a los derechos humanos e individuales. Sin embargo, aunque la gente mayor no está del todo a favor la gente más joven está muy de acuerdo, en general, ya que ven en eso el progreso de su nación. Es entonces cuando reafirmo mi teoría de que no podemos juzgar todo con nuestra visión occidental, latinoamericana y argentina en mi caso, ya que muchas cosas que nosotros damos por sentado en esta parte del mundo no es así, y viceversa, y no significa que nosotros estemos bien y ellos mal, es simplemente diferente y hay que respetarlo.

La realidad es que China sigue estando en el foco de la tormenta, en el buen sentido, y si hay un momento para conocer este país creo que es este. Mientras tanto, vale la pena seguir disfrutando de esa parte tradicional que uno jamás verá en la mayoría de los paquetes turísticos.

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No soy fanático de los video juegos, pero cuando vengo por estos lugares no puedo evitar sentirme dentro del juego Zelda: Ocarine of Time

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Después de un arduo trabajo, nada mejor que disfrutar de un buen bowl de fideos bajo el sol.


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En la revista GENTE: Un cuento de amor chino

Ahora sí mis queridos lectores, seguidores, amigos, acá está la nota que nos hicieron para la revista GENTE. Seguramente este va a ser el último post del año y creo que, justamente con este post, es la mejor manera de hacerlo. Feliz año a todos, sean del país que sean, no dejen de soñar, no dejen de ponerse metas y no dejen de tener objetivos. Desde el sur del mundo Zhufen y yo les mandamos los mejores deseos para que el 2014 esté lleno de éxitos.

Aclaración: abajo va la nota completa. Hay detalles que nunca compartí en este blog y no me dejan realmente orgulloso. Así es señores, me pasé varios años cocinando comida china y no sé cocinar asado, así que ya tengo una meta meta para el año que viene. Con respecto a las fotos, es verdad, no salí del todo bien y al parecer de las doscientas fotos que sacaron eligieron las no mejores. En fin, todo se compensa con la buena onda del periodista y el fotógrafo y en definitiva, hay muchísimas otras fotos en este blog sacadas desde mi ángulo más fotogénico  : D

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Amor chino. Hernán y Zhufen se conocieron por internet. Crónica de un amor que se convirtió en libro. Mi sueño chino

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UN CUENTO (DE AMOR) CHINO: “cruzamos el mundo para encontrarnos”.

Hernán y Zhufen se conocieron por Internet en  2006. Luego de enamorarse, él compró un pasaje al país asiático y fue a conocerla. Vivieron allá tres años. Hoy lo hacen en un departamento de Buenos Aires. Del primer chat al sueño de matrimonio, crónica de un amor sin fronteras que hasta acaba de convertirse en libro.

Palitos y tenedores (abajo a la derecha): Hernán y Zhufen viven en Buenos Aires desde 2012. Aunque suene extraño, pocas veces visitaron el Barrio Chino. Sin embargo, aceptaron ir a almorzar ahí para la nota con GENTE.

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El cuento empieza en Berazategui. Hernán Acevedo, 19, no imagina que en pocos minutos después de que entre por primera vez a un chat, su vida va a cambiar para siempre. Es el año 2006 y Hernán poco sabe sobre China, apenas que si hace un pozo en la tierra y atraviesa todo el planeta, ese pozo sale al exacto otro lado del mundo, en las pampas de la dinastía Ming. Justamente en esos lares, exactamente en la provincia de Yunnan, vive Zhufen, quien tampoco se imagina la trascendencia que ese chat va a tener en su vida. Ni que va a terminar en un libro. Lo cierto es que ese chat, como todos los chat del planeta, comienza son alguna conversación banal sobre cualquier tema. Ni él ni ella dominan muy bien el inglés, pero lo intentan. Algo, una química, una magia de la distancia…algo los hace interesarse más de lo pensado. Y así, sin darse cuenta, Hernán empieza a tener un sueño.

Pasan dos años y Hernán y Zhufen están enamorados, pero todavía no se conocen. Hablan por teléfono eventualmente (él consigue una de esas tarjetas de llamadas internacionales), y hasta se dicen que se extrañan, entelequia abusrda en la que ni reparan, porque en sus cabezas -y en los embelecos de su cabeza- realmente sienten que se extrañan. Hernán, durante esos dos años, sólo se dedica a trabajar y ahorrar. Y finalmente, cuando se da cuenta de su sueño, se compra un pasaje para China y vuela a encontrarse con Zhufen. “Tuve que viajar a Canadá y hacer escala en Toronto, de ahí a Vancouver, de ahí a Hong Kong y un avión más a Changsha. Zhufen me fue a esperar al aeropuerto. Me tuvo que reconocer ella a mí, porque era más fácil. En ese último avión éramos sólo dos extranjeros, yo y un chileno con el que me hice amigo. Me acuerdo que él salió antes que yo de Migraciones. Ella lo vio y se asustó, hasta que me vio a mi y me reconoció. Había pensando que capaz la había engañado y era distinto. Ja. De ahí fuimos en taxi  a su casa. Ahí en el auto, fue el primer momento medio romántico: nos tomamos de las manos, nada más que eso, pero era mucho. En cierta manera los dos cruzamos el mundo para encontrarnos. Primero por la red, luego en persona. Y allí estábamos. Cuando entramos  al departamento, fue la típica situación de película:  dejamos la valijas en el suelo y nos dimos el primer beso”.

Durante los próximos tres años viven juntos en China. Él se pone a estudiar el idioma y a dar clases de español. Con el tiempo consigue un contrato de trabajo que le extiende la visa y logra tener su propio negocio: primero, un local de libros, después uno de gorros. La prueba de fuego fue, sin embargo, cuando tuvo que conocer a sus suegros. “Hacía tres meses que había llegado y yo tenía que ir a Hong Kong para renovar la visa. Entonces, aprovechamos que la casa de sus padres quedaba para ese lado y fuimos a visitarlos. Nos compramos un pasaje de tren y viajamos 25 horas…Por lo menos estábamos en un vagón con camas…Porque en China hay clases en las que viajás  parado las 25 horas, eh…Y bueno, aprovechamos y fuimos a conocerlos. Llegamos a la estación y nos pasó a buscar uno de sus hermanos. Re buena onda; además era el único que hablaba inglés. Llegamos a la casa y nos presentamos. Yo estaba con la camiseta de Argentina. Y empecé ‘Ni hao, Ni hao’ (hola, hola). Llegó el padre. El tipo no sabía de mi existencia: creía que era un amigo. Uf…fue duro. Se veía que no quería saber nada”. Zhufen se suma a la charla y en trabajoso español agrega: ” Es así. Me agarró a mí y me dijo: ‘¿Es tu amigo o tu novio?’ ‘Mi novio’ le contesté. Se quedó callado; no le gustó. La diferencia de edad tampoco le agradaba. De hecho, a mí misma, al principio tampoco. Yo dudaba mucho, porque nos llevamos seis años y me parece mucho. (hoy ella suma 32 y él, 26). En China está mal visto que la chica sea más grande.” 

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China, by Hernán: “Una de las principales diferencias que encontré con nuestro país fue durante un viaje en colectivo. Estábamos yendo a casa de unos amigos y me di cuenta de que nadie controlaba los boletos. Como buen argento, le dije a Zhufen que no pagáramos. ¡Para que…! Me contestó que el transporte funciona gracias al aporte de todos, y que si nadie paga no se puede mantener la calidad del servicio. Claro, eso es lo lógico, pero yo nunca me había parado ni a pensarlo. A partir de ahí nunca más me colé, ni allá ni acá”.

La cosa, aunque difícil, prosperó. Después llegó la hora de la cena y el choque cultural volvió  a sentarse entre ellos, aunque esta vez Hernán lo recuerda con humor. “Me senté a la mesa y estaba el típico banquete chino, porque ellos cuando reciben agasajan, no importa a quien. Había mil cosas para comer, pero estaba hacía poco en el país y bastante nervioso. Para no meter la pata, me serví un poco de arroz blanco y nada más, no fuera cosa que algo no me gustara…Me miraron todos, hasta que alguien me explicó, casi como un reclamo, que el arroz era el acompañamiento, que era como comer sólo el pan, que la comida eran los otros platos, y que no comer nada era casi como un insulto…Me quería matar. Y bue, me serví un poco de todo, obvio”. 

Hoy, después de tres años de vivir el sueño chino, Hernán y Zhufen vinieron a la Argentina a seguir probando suerte. “En realidad, volví para ver a mis viejos, que ya me reclamaban. La verdad es que allá estábamos bien. Pensá que, de la nada, en tres años pude ser alumno y profesor, y terminé teniendo dos locales propios, el de gorros y el de libros. O sea, realmente se puede crecer…Pero bueno, también tenía que ver a mi familia. Así que ahora estamos probando acá y después veremos que hacemos”, vaticina él.

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Argentina, by Zhufen: “Acá, la mayor diferencia es la gente. En China son muy alegres, pero nadie interrumpe la vida del otro, no hay contacto entre desconocidos. En la Argentina, en cambio, es como si todos fueran amigos. Por ahí llegás a un lugar y todos te saludan con un beso: eso allá no pasa ni entre amigos. Al principio costaba, pero ahora ya me divierte la manera de ser de los argentinos. Puede haber mucha pelea, pero siento que se quieren entre todos”.

-Zhufen, ahora es tu parte de la historia. ¿Cómo te recibió Argentina?
-Muy bien. La familia de él fue completamente diferente a la mía. Me hicieron sentir muy cómoda, aunque mi español no sea del todo bueno.

-¿Qué fue lo primero que te sorprendió del país?
-Cuando me saludaban acá, me sorprendía. La familia, por ejemplo, el primer día quiso darme un beso y yo corrí la cara, pero sin querer: no sabía como era. Es que acá son más afectivos, más del contacto.
Hernán: allá es distinto. Darse un beso en la calle es impensado.
Zhufen: Cuando estábamos allá, yo pensaba que él estaba loco, porque hacía cosas que me parecían ridículas. Sin embargo, al venir acá me di cuenta de que todos hacían eso, son costumbres. No sé, fijate cuando gritan los goles en el fútbol.
Hernán: Para mí fue lo mismo allá. Un día me invitaron a un karaoke unos compañeros de la escuela. Y era raro, porque esos tipos, que  durante el día eran tan serios, estaban vestidos con trajes impecables y eran bien rígidos, de pronto se convertían en Freddie Mercury. Son realmente apasionados de eso. Y yo pensaba que estaban locos, pero no.

-Hernán, ¿Ya le hiciste probar un buen asado?
-Esto me da vergüenza: el primer asado se lo hizo mi vieja, porque yo no sé hacerlo, y mi viejo tampoco.

-¿Te gustó?
Zhufen: Primero no, después sí. No me gustan las cosas como chorizo, chinchulín. Pero el resto sí, principalmente las verduras asadas.
Hernán: Mamá se ríe porque a partir de Zhufen en la parrilla de casa también ves ajíes, berenjenas, cebollas…

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Hernán en la Gran Muralla China y junto a Zhufen en la Ciudad Prohibida, en Beijing; luego con sus alumnos de español (uno de sus rebusques en china) y en un programa televisivo de juegos, con la celeste y blanca.

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Zhufen en las vías del tren, a la entrada del Barrio Chino, en Buenos Aires, parece sentirse como en su país; luego pidiendo un choripán al paso con chimichurri y mirando unos sombreros típicos en un Todo x dos pesos en Belgrano.

-¿Alguno de los dos siente que su adaptación fue más difícil que la del otro?
Hernán: Yo pienso que ella tiene un poco de suerte, porque acá está lleno de chinos. Es más fácil hacer amigos. Allá yo era el único argentino. Los que vienen acá igual lo hacen con otra mentalidad. Claro, vienen para trabajar de lunes a lunes sin parar, llenarse de guita y después volver allá.

-De entre las muchas cosas que habrán aprendido de todo esto, ¿cuál es la más destacable?  
Hernán: El ser más tolerante. Estar con una persona distinta te empuja a no ser tan cerrado culturalmente. Capaz uno lo es porque estuvo toda su vida en la ciudad que nació y pensás que es el modo normal de ver las cosas, pero encontrarte con un mundo tan distinto te educa.

-Y entre tanta mezcla cultural, ¿el amor sufre o disfruta de la diferencia?
Hernán: Nosotros somos muy distintos, y por eso estamos tan bien juntos. A mí me gusta escuchar heavy metal ponele,  y a ella, la música pop china que para mí es horrible. Y ese encuentro es divertido, nos gusta. Son las diferencias las que nos hacen estar juntos, porque yo tengo mucho para enseñarle a ella y ella para enseñarme a mí.
Zhufen: Y creemos que todo amor, más raro o menos raro, se trata de eso, ¿no? De aprender algo del otro.

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Con tinta china: Mi sueño chino, el libro de Hernán, recupera su historia de amor desde el día cero.

Lo publicó Ediciones del Dragón y puede comprarse ya en todas las librerías nacionales. Además, puede visitarse su blog de viajes, hernanporelmundo.com
Zhufen, por su parte, también tiene la intención de volver a su país y contar su parte de la historia en un libro e idioma propios.

En China el café, como el que está al lado de la ventana, se toma bien frío, si es posible con mucho hielo, y cuando uno compra una Sprite, una Coca o alguna otra gaseosa en el supermercado esta viene atada con un jugo de frutas como señuelo. De a poco van entrando.


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La odisea de la crema

Por más comunismo que es más capitalismo, apertura al mundo, ascenso en el escenario mundial y todas esas cosas, China es China, y en muchos aspectos lo va a seguir siendo.

Uno al viajar al gigante asiático tiene que saber esto de antemano: está viajando a un lugar muy lejano, y muy lejano significa distinto. Yo no lo sabía. Mejor dicho, lo sabía pero nunca tomé conciencia, y supongo que así fue mejor porque de esa forma todo fue una sorpresa y en las buenas y en las malas, lo disfruté mucho. No obstante, al haber vivido en el país, al haberme metido, al conocer gente, hablar, investigar, hacer una y mil cosas finalmente llegué a la conclusión de que la sociedad argentina y la china no son tan distintas como un puede llegar a pensar, de hecho tienen mucho en común solo que al estar tan alejado un país del otro es poco el contacto que realmente llegan a tener. Pero bueno, de esto hablaremos en un futuro.

Hay ciertos productos alimenticios que son lo más común acá y por allá prácticamente no existen, o directamente no existen. Uno al principio no lo nota. Si va al restaurante pide un bife o un plato de fideos con salsa y no se da cuenta de que esas cosas están ahí por ser un restaurante, pero puertas afuera son casi imposible de encontrar.

Cuando uno comienza  a salir al supermercado o a las tiendas para hacer las compras es cuando esa falta de cosas, que al principio parecen ser nada pero, según la persona se pueden llegar a transformar en una pesadilla, se comienza a notar.

No soy una persona que pueda aceptar un no como respuesta y creo que lo siguiente es una clara prueba de que la insistencia siempre otorga buenos resultados. Zhufen y yo somos golosos de estómago y también de vista. Durante un tiempo evaluamos seriamente abrir nuestra propia tienda de panes y tortas, llegamos incluso a averiguar acerca de hornos de gran tamaño para desarrollar la tarea, pero faltaba un detalle casi esencial para las tortas: crema. Nunca lo había notado hasta ese entonces, pero la crema como la conocemos nosotros es casi inexistente en China. En realidad, cuando uno va a comprar una torta la misma está cubierta de crema igual que acá, pero conseguir el preciado material por separado es prácticamente imposible, ni que hablar si uno se encuentra en una ciudad del interior.

El problema con muchos productos es que son intraducibles porque la mayoría de la gente ni siquiera los probó en su vida. Esto es, por más que uno diga quiero manteca por ejemplo, si la persona nunca escuchó hablar de manteca difícilmente lo pueda ayudar a conseguirla. Recuerdo preguntarle a muchos amigos y conocidos si sabían donde conseguir crema, y al ver su cara de signo de pregunta recurría a las señas primero, haciendo el gesto de ordeñar a una vaca con mis manos, y obviamente me preguntaban si era leche lo que yo buscaba. No, se hace con leche pero no es leche, decía yo, y pensando me llevaban al supermercado y me mostraban yogur. Buscando en lo más obvio que era el diccionario entonces, les mostraba la traducción de cream y me llevaban a un producto que nada tenía que ver con la crema de leche.

Finalmente, los llevaba a la tienda de tortas (digo tienda de tortas y no panadería, porque si bien en Argentina las tortas se venden en panaderías, las panaderías tal como las conocemos acá, como muchas otras cosas, son muy distintas. Allá no se compra un kilo de pan, se compra un pan por persona y punto), les mostraba una torta y ahí si me decían aaaaahh…si, crema…no, no tengo ni idea donde podés comprar.

Un día un conocido me dijo que podría averiguar en un supermercado que vendían solo productos extranjeros. Fui al mencionado lugar y me encontré con un lugar del tamaño de un Wal-Mart, solo que todos los productos que vendían eran extranjeros, nada chino, y estaban separados con banderas de cada país para que uno supiera. Se podrá imaginar uno mi cara cuando vi un góndola con la bandera argentina y que esta, entre otras cosas tenía alfajores de dulce de leche. Se podrá imaginar uno también mi cara cuando vi que cada alfajor costaba entre veinte y cuarenta pesos.

Caminando por los pasillos finalmente me encontré con un pote de crema. Estas situaciones hay que vivírlas para entenderlas al cien por ciento, porque una vez más, hay cosas que las tomamos como algo normal, un sándwich de jamón y queso por ejemplo, pero cuando eso que es tan normal nos falta, es ahí cuando lo valoramos de verdad. En este caso me emocionó tener un pote de crema en las manos, pero de todas formas no lo compré ya que costaba unos cien pesos y por más desesperado que pudiera estar no estaba dispuesto a pagar tanto por algo que en mi país se consigue en todos lados. Además, si quería abrir una tienda de tortas y tenía que comprar un pote de crema por cien pesos, obviamente el negocio no iba a funcionar.

Pero yo no soy alguien que se rinda así nomás, no señor, y ya más loco comencé a buscar por todos lados. Zhufen se me unió en la búsqueda y cual sommelier comenzamos a comprar una porción de torta diaria para que el paladar se le acostumbrara a ese producto que tanto buscábamos, y tras haber recorrido cuanto lugar encontramos comenzamos a buscar en internet.

Finalmente, por esas casualidades del destino ella encontró en una página  que una mujer vendía la famosa crema, pero no era un local ni nada, era una mujer que vendía desde su casa. China no es como acá que a veces por cuestiones de seguridad uno tiene miedo de dejar un teléfono o la dirección, allá las cosas se manejan de otra manera y todo se puede hacer por internet, así que tras llamarla por teléfono la mujer le dijo que pasemos por su casa sin problema.

Fuimos entonces, y dudando si verdaderamente se trataba de crema lo que esta señora tenía llegamos a su casa en un barrio común y corriente. Al abrirnos la puerta nos llevó a un freezer que tenía y dentro del mismo había una gran cantidad de potes del preciado producto, los mismos que compramos en el supermercado de nuestro país y esta vez sí, a un precio razonable. Sin dudarlo compré dos y agendé el número de la señora, quien nos comentó que tenía esa “rareza” porque uno de sus hijos vivía en el exterior y siempre le mandaba, pero a ella no le gustaba esa cosa extranjera y aprovechaba para hacerse de unos billetes extra.

Y todo esto para comprar un pote de crema.

Obviamente, y como uno se podrá imaginar, la idea nuestra tienda de tortas se canceló. La idea de probar salsa de tomate, fiambre, manteca o un pan flauta entre otras muchas cosas también tuvo que ser postergada a menos que fuera a un restaurante de comida occidental o directamente, hasta mi regreso a la Argentina.

En China el café, como el que está al lado de la ventana, se toma bien frío, si es posible con mucho hielo, y cuando uno compra una Sprite, una Coca o alguna otra gaseosa en el supermercado esta viene atada con un jugo de frutas como señuelo. De a poco van entrando.

En China el café, como el que está al lado de la ventana, se toma bien frío, si es posible con mucho hielo, y cuando uno compra una Sprite, una Coca o alguna otra gaseosa en el supermercado esta viene atada con un jugo de frutas como señuelo. De a poco van entrando.


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China capitalista, China comunista

Todos tenemos cosas que contar, todos tenemos nuestras historias. Recomendaría a todas las personas a que se animen a abrir un blog y se dejen llevar por la imaginación, generalmente el detrás de las escenas suele ser muy interesante. 

Hace unos días me llegó un mensaje de Alexandra de España mostrándome como China está influyendo en su país, especialmente durante estos últimos años. Como bien dicen, una imagen vale más que mil palabras así que veamos la infografía de abajo.

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Creo que este es un perfecto ejemplo de lo que China es hoy en día y en lo que se está transformando. Más bien es un claro ejemplo del sistema que aplica el gobierno para su país. En mi opinión, China crece como crece porque no es capitalista, pero tampoco es comunista, China es China y ya. Claramente se puede ver como el turismo al país español aumentó de manera impresionante al igual que las compras de lujo. Esto se debe a que cada día hay más y más personas que logran pasar a formar parte de la clase media y del mismo modo, más personas alcanzan una clase económica alta o directamente se hacen ricos. Cientos o miles de pequeñas empresas se abren todos los días, y esto me tocó vivirlo en primera persona siendo yo mismo dueño de una tienda de libros y luego de una tienda de gorros. Para los que estamos acostumbrados a la burocracia argentina, a veces latina, en cuanto a papeles y trabas, China es casi un chiste, y mientras uno cuente con el capital necesario no hay impedimentos para abrir un negocio propio. Esto es, entre otras cosas, lo que hace que el país crezca, ya que trabajando duro y enfocándose en un objetivo, cualquier persona puede transformarse en un emprendedor. Por otro lado, si bien en China abundan las falsificaciones de productos de la marca que uno busque, en realidad los consumidores de los mismos somos nosotros los occidentales y no ellos. Por lo general a los chinos no les gusta comprar imitaciones de cosas aún si el producto cuesta la mitad que el original. Para un chino comprar algo de una marca implica haber alcanzado un cierto estatus, de ahí el aumento en las compras de lujo. Comprar un producto de una marca reconocida es mucho más que eso para ellos, es poder decir soy económicamente “libre” y puedo comprar esto. No comprenden cual es la gracia de usar algo que en realidad no pueden pagar.  

En las grandes ciudades se puede vivir un consumismo muy grande, algo bastante alejado de lo que es la cultura tradicional china. La gente se desespera por el último producto de Apple, los edificios de tecnología tienen miles de computadoras y artefactos de todas las marcas, modelos y colores, tiendas de Armani, Dolce & Gabanna, Adidas o Nike se deleitan con el bolsillo de los nuevos consumidores que ven sus a productos como un deseo y como había escrito en un post anterior, casi todo tiene un precio para poder entrar.

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No es la 5ta avenida, es un shopping en el corazón de Shanghai, la ciudad más cosmopolita de China

Si seguimos analizando la infografía podemos ver como hay muchísimas empresas españolas radicadas allá, y esto en realidad se aplica a todo el mundo ya que caminando por las calles uno se puede topar con tiendas o negocios en todo tipo de idiomas. Lejos de lo que muchos piensan, China hoy en día no es un país cerrado, en realidad es un país muy receptivo. También se puede ver como hay más y más empresas chinas en España, y esto, quienes presten atención se darán cuenta que también se aplica acá en Argentina. Solo por citar dos ejemplos están el banco ICBC y la automotriz Chery. Es que mientras los extranjeros de otras naciones suelen viajar de vacaciones, los chinos lo suelen hacer en plan de negocios.

Algo en lo que nos llevan años luz es al uso que le dan a internet. Mientras acá en Argentina seguimos dudando si hacer una compra online es seguro, en China no solo compran, también pagan todo y hacen las transacciones que necesitan. Es de lo más común comprar un pasaje de avión o de lo que sea sin pasar por ninguna agencia, solo a través de internet y pagarlo directamente cuando el correo lo deja en el domicilio de uno. Hay infinidad de empresas con cientos de trabajadores que solo tienen un página de internet y muchísimas personas viven, y muy bien, vendiendo productos en Tao Bao, el Mercado Libre chino.

Por estas razones, como se puede ver, la demanda para estudiar el idioma chino aumentó bastante, y curiosamente, también aumenta el número de chinos que aprenden español. El mandarín es el idioma más hablado del planeta, aunque esto se debe a que China es el país más poblado. En realidad le falta mucho para transformarse en un idioma global y en rigor de verdad, el idioma más internacional, el idioma de los negocios sigue siendo el inglés, y los chinos mismos lo saben. En un futuro, las próximas generaciones quizás sean bilingues o casi ya que cada día es más común que desde el jardín de infantes los chicos tengan clases de inglés con profesores extranjeros (ahí tienen una buena fuente de trabajo los que quieran ir y probar algo distinto). De todas formas, hablar chino y aprenderlo desde ahora podría abrir varias puertas ya que definitivamente el gigante asiático está lleno de oportunidades y es ahí donde está todo por hacer. Los que hayan leído mi libro habrán visto una foto de Shanghai en la que puse que los grandes rascacielos parecieran recibirlo a uno a la tierra de las oportunidades como lo hace la estatua de la libertad en Nueva York. No creo que el sueño americano esté terminado, pero definitivamente ahora hay un sueño chino.

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Ahora, viendo todo esto uno quizás se pregunte donde está la parte comunista, y acá está la clave en mi opinión de porque China crece así. Es debido al sistema que aplica. Si bien el Estado da muchas oportunidades a los extranjeros para que puedan invertir en su territorio, indefectiblemente siempre les va a dar una gran prioridad a sus ciudadanos. Es verdad que muchos ganan muchísimo dinero y muchos otros ganan menos, pero es difícil ver a una persona sin trabajo por ejemplo ya que el Estado algo en algún lugar le va a conseguir. Si bien un salario chino no es competitivo a nivel internacional, la economía es perfectamente estable y casi se mantiene al margen de las crisis económicas que suceden de puertas para afuera. Alquilar una casa es accesible a cualquiera, nuevamente sin grandes complicaciones de papeles. Alguien que sea estudiante puede alquilar una casa tranquilamente y ahorrarse la mitad del sueldo. La economía por lo general está controlada y es accesible a todos. Esto genera que las personas de muy jóvenes aprendan a tener responsabilidades soportando su vida y al mismo tiempo, en la libertad de vivir solos comiencen a formarse los futuros emprendedores. Acá en Argentina mucha gente se queja acerca de los planes sociales y para sorpresa de muchos, en China también los hay. La diferencia está en que si bien el Estado da, también pide, nada es gratis. Uno puede tener trabajo aún si no tiene educación ni estudios. Se puede ver gente limpiando las calles por las noches por ejemplo, siempre hay algo para hacer, pero uno lo tiene que pagar. Es que el Estado es bien consciente que no sirve de nada una persona sin producir, sin hacer algo. El país es un equipo y para ganar el partido es necesario que todos, desde su posición, aporten algo. Pero al mismo tiempo que el Estado da, también penaliza. No hay excusa para no hacer algo y ganar dinero por cuenta propia, por eso las leyes son muy duras. Uno puede pasar de meses a años en la cárcel por ser un simple ladrón. China, creo yo, es un país en el que el ladrón sabe lo que le puede pasar. Caminar por las calles es igual que hacerlo por Argentina, no está lleno de policías ni fuerzas armadas, para nada, sin embargo se respira una gran seguridad, es que si uno comete un acto que interrumpa el ciclo “normal” de la sociedad, sabe que las va a pagar. Entre otras cosas, están prohibidas las armas y por esa razón es muy raro ver casos de inseguridad que incluyan asesinatos.

El comunismo también se ve en el control entre comillas que ponen sobre las personas. Por ejemplo, siendo Argentino yo podría viajar a gran cantidad de países sin siquiera necesitar una visa, pero en el caso de los chinos creo que necesitan pedir una visa para cualquier país que quieran visitar. Del mismo modo cualquier persona que quiera visitar el país va a necesitar una visa sin importar de donde uno sea. Ahí no se aplica la ley del privilegio solo por ser de Estados Unidos, Inglaterra o Canadá, todos son iguales ante la ley. Curiosamente, metiendo mis narices por ahí vi una vez que un norteamericano debía pagar más dinero por una visa de ingreso a China que lo que pagamos los argentinos.

Lo curioso es que el comunismo no solo se ve en ciertas cosas del Estado, también se ve en la sociedad misma, por eso cuando uno puede ver en los medios a personas o gobiernos pidiendo una democracia en el gigante asiático es en realidad muy difícil ya que para eso habría que cambiar a la sociedad que en buena parte no quiere y no le interesa aplicar un sistema o ideología extranjero que no le pertenece. En cierto modo, ellos tienen su democracia. No es raro que por ejemplo las empresas compartan con los empleados parte de las ganancias a fin de año en febrero, y aún si no lo hacen siempre entregan el famoso sobre rojo con unos billetes adentro del que hablaremos en otro post. Esto, para aquellos que presten atención, se puede ver también a la hora de la comida en la cual en vez de poner un plato individual se colocan muchos platos en el centro de la mesa y todo se comparte.

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La razón principal del crecimiento chino, creo yo, es que el Estado aplica su propio sistema tomando lo mejor de otros lugares pero aplicándolo a su propia cultura sin dejarse presionar por otras naciones o por las grandes potencias extranjeras. Ya lo dije con anterioridad pero acá va una vez más, si hay un momento para visitar el gigante asiático es este, y todo eso que uno lee acerca de que China será la gran potencia mundial, a menos que suceda una invasión extraterrestre o una catástrofe inesperada (nadie está exento de nada), es al caminar por sus calles cuando uno se da cuenta que tales predicciones parecen ser las acertadas.

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La infografía del principio fue hecha por la Academia China Culture: http://www.aprenderchinomandarin.com


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Perdido y sin dinero en China

Si bien durante mis años viviendo en China viajé por varias ciudades, había un lugar adonde yo vivía, mi casa, mi punto central, la ciudad adonde trabajaba y a partir de la cual me movía y volvía. Esta ciudad se llamaba Changsha, un lugar muy poco conocido por estos lados. De hecho esta ciudad es tan poco conocida por acá que cuando compré mi pasaje en una empresa, la chica que me atendió tuvo que buscar en su computadora para ver si había alguna conexión o algo que me pudiera llevar desde Buenos Aires hasta allá porque en su vida la había escuchado nombrar. Es curioso porque en dicha ciudad estudió la universidad Mao Tse-tung, el padre del comunismo chino y también yo. Obviamente no voy a pretender que sea conocida por mí, aunque muy probablemente luego de esto algunas personas la van a buscar en Google. Las curiosidades de la vida. 

En Changsha las estatuas de Mao pululan

En Changsha las estatuas de Mao pululan

Obviamente en China sí es muy famosa ya que Mao es su prócer más famoso, respetado por el noventa por ciento de los chinos y llevado al nivel de un semidiós (sin exagerar) por las generaciones de antes y los más nacionalistas. Es algo parecido a lo que pasa con Messi, pero eso es otra historia. Sigue leyendo


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Mi sueño chino: este es nuestro libro

Mi Sueño chino: Comencé en Internet, terminé en China y te cuento todo

Ya casi está! Después de muchos meses de trabajo nuestro libro ya casi sale a la luz y acá estamos, con un poco de nervios pero muy contentos. Para ser sinceros, ya no aguantamos más las ganas de tenerlo en nuestras manos. Seguramente vamos a hacer algo para presentarlo oficialmente y de paso para romper esa barrera de la computadora y conocernos con un mate  o quizás una taza de té de por medio. Quedate atento a las novedades. La venta se va a realizar a través de varias librerías y también a través de este blog, si querés ir reservando el tuyo escribíme haciendo un clic en la tapa del libro (más abajo) y de paso te cuento que si lo pedís a través de este blog vas a recibir además un pequeño regalo de nuestra parte. 

El libro se llama Mi Sueño chino: Comencé en Internet, terminé en China y te cuento todo, y en resumen este es el contenido: Sigue leyendo