Hernan por el mundo


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En el campo chino

La última vez que vine a China fue por una razón totalmente diferente a la de ahora, y la experiencia sin lugar a dudas fue también muy diferente. Fue conocer otra cara de este enorme país, desde otra perspectiva. Es que los tres años anteriores me los pasé, por sobre todas las cosas, trabajando, y sobre todo en el ambiente en el que trabajaba, me hizo ver otra realidad, o quizás otra imagen de la misma moneda que a veces parece tan alejada que hasta por momentos me pregunto si realmente estoy en el mismo país.

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Básicamente antes estaba en la ciudad y ahora estoy en el campo, y antes vivía solo y ahora estoy en una casa de familia. La ciudad en la que vivía, Changsha, era una ciudad de las consideradas de nivel medio y debido a eso se veía un crecimiento casi frenético que por ejemplo no se veía en Beijing la cual es considerada una ciudad grande, y si bien crece como toda China ya no lo hace de forma tan acelerada. La realidad también era otra debido que al trabajar como profesor de idiomas me movía en un ambiente en el que casi todas las personas hablaban inglés, lo suficiente al menos para defenderse, y acá la verdad es que casi nadie habla ese idioma más allá de un hello o un thank you. Eso sí, al decir que vengo de Argentina me siguen respondiendo con “el fútbol en tu país es muy bueno” y “ohhh…Messi hen hao (Messi muy bueno)”.

Shilin, el lugar adonde estoy ahora, es un pequeño pueblo en la ciudad de Kunming, en la provincia de Yun Nan. En realidad el pueblo está a unos quince o veinte minutos de auto, yo estoy realmente en el campo, y digo de auto ya que ni siquiera hay colectivos que me acerquen ahí. Es increíble entonces pasar de una ciudad de rascacielos que día y noche no para de crecer repleta de pantallas led y colectivos estilo inglés de dos pisos a una ciudad en la que las casas aún siguen teniendo sus propias vacas y gallinas, y que ambos lugares estén separados tan sólo por una hora de viaje.

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Sin embargo, hay cosas que unen a las dos ciudades y a toda China, y es que cada una a su ritmo no para de crecer. Hace cuatro años cuando estuve acá todo lo que se veía eran cultivos y esa China idílica que uno imagina llena de campos de arroz e interminables plantaciones de todo tipo con las típicas casas de techos puntiagudos. Hoy de eso ya sólo debe quedar un cuarto, y es justo donde estoy yo, y estoy seguro que en unos años incluso va a ser menos de eso. Por supuesto que acá no se ven grades edificios y no hay un subterráneo (metro) super moderno de treinta estaciones, aún, pero ya aparecen estas señoras casas y seguramente en unos años lo otro llegará.

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En la foto no se aprecia tanto, pero en la realidad es todo un barrio de casas tremendas.

La otra cosa que ambos lugares comparten es un optimismo en general de la gente y una enorme fe en el futuro, y es acá donde se ve la diferencia con nosotros. Es que en China es el gobierno el que toma las tierras y sin pedir permiso empieza a construir, algo que para nosotros sería visto como un atropello a los derechos humanos e individuales. Sin embargo, aunque la gente mayor no está del todo a favor la gente más joven está muy de acuerdo, en general, ya que ven en eso el progreso de su nación. Es entonces cuando reafirmo mi teoría de que no podemos juzgar todo con nuestra visión occidental, latinoamericana y argentina en mi caso, ya que muchas cosas que nosotros damos por sentado en esta parte del mundo no es así, y viceversa, y no significa que nosotros estemos bien y ellos mal, es simplemente diferente y hay que respetarlo.

La realidad es que China sigue estando en el foco de la tormenta, en el buen sentido, y si hay un momento para conocer este país creo que es este. Mientras tanto, vale la pena seguir disfrutando de esa parte tradicional que uno jamás verá en la mayoría de los paquetes turísticos.

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No soy fanático de los video juegos, pero cuando vengo por estos lugares no puedo evitar sentirme dentro del juego Zelda: Ocarine of Time

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Después de un arduo trabajo, nada mejor que disfrutar de un buen bowl de fideos bajo el sol.

 

 

 

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Un yanqui hablando como argentino

Durante mi estadía en el gigante asiático tuve la oportunidad de conocer a personas de todo el planeta, incluso de esos lugares que son apenas conocidos y que geográficamente no representan más que un pequeño punto en este planeta al que nosotros llamamos tierra. Curiosamente los lugares más alejados y más chicos son los más bellos paradisíacamente hablando, y, de la misma forma, quizás por venir de lugares alejados en los cuales el consumismo extremo aún no llegó, y esperemos nunca lo haga, son las personas de estos lugares quienes, por lo general, aún conservan esa cuota de naturalidad, inocencia, hospitalidad o como quiera llamarse que a veces pareciera perderse en la jungla de las grandes ciudades. La mayoría de mis amigos africanos no tenían grandes intenciones de volver a sus países, sin embargo a los que conocí de las islas Fiyi, Seychelles, o Micronesia siempre decían que salían de vacaciones pero jamás dejarían su pequeño paraíso en la tierra.

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Paraísos terrenales, hay quienes dicen que aún existen

Cuando me preguntan siempre digo que lo mejor que se puede hacer es viajar, y no es necesario viajar a la otra parte del mundo, lo cual casi indudablemente costaría más dinero y tiempo, viajar implica salir de casa, a otra ciudad o a algún país limítrofe. Es increíble la cantidad de personas distintas que uno puede encontrar en el camino y son todas ellas quienes ayudan a uno a abrir un poco la cabeza y comprender que lo que sabemos o creemos saber no necesariamente siempre es lo correcto. Es cuando uno habla con personas de distintos lugares cuando se da cuenta que lo que los medios muestran acerca de esos lugares no son más que estereotipos. No hay nada más real que la misma realidad.

Es también cuando uno conoce a personas de distintos países cuando se encuentra con situaciones a veces un tanto extrañas y que no hacen más que generar sorpresa. Acá mismo en Argentina por ejemplo, me topé con un australiano que se vino a vivir a Buenos Aires porque es fanático de Boca, el equipo de fútbol.

Ya comenté algo acerca de mis nombres y la relación que esto tiene con los chinos. Si uno tiene la oportunidad de preguntarle el nombre a algún chino seguramente este le va decir que se llama Mario, Esteban, Manuel o algún otro nombre que obviamente no encaja con su cara asiática. ¿Un chino llamado Mario? Creo que que ya vi todo es lo que uno puede llegar a pensar. Obviamente su nombre verdadero no es ese pero si nos dijera su nombre chino lo olvidaríamos en diez segundos, quizás menos, y para poder establecer una relación y que uno se acuerde de él simplemente elije un nombre en castellano y se hace llamar así. El nombre es siempre de acuerdo al idioma que estudien y al país en el que se encuentren. Cuando enseñaba español uno de mis alumnos era fanático de la selección argentina de basquet y, al enterarse que yo era del mencionado país me pidió que lo llamara Scola. De la misma forma, los que estudiaban inglés se hacían llamar con un nombre en ese idioma y me llegué a topar así con Jordan, Tom, quien curiosamente era fiel simpatizante de Tom y Jerry, y teniendo en cuenta que el dibujo del gato y el ratón es muy popular en China, en otra ocasión también conocí a Jerry. Incluso conocí a Superman mientras esperaba un taxi en la calle, y aunque esto puede desilusionar a muchos fanáticos, no es tan musculoso ni tan alto como en las películas.

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Tom y Jerry son muy populares en China. Se llaman Mao he Laoshu, ( 猫 和 老鼠) que literalmente quiere decir Gato y ratón. A veces se los puede ver tomando el colectivo.

En mi caso, Hernán era un nombre muy difícil de recordar para ellos. ¿Quién se va a llamar Hernán en China? Por eso, como al principio solo hablaba inglés decidí traducir mi primer nombre y comencé a presentarme como George, y casi siempre me respondían diciendo “ah…como George Washington, o como George Bush…” Es increíble el alcance de la cultura norteamericana. Al menos a mí me servía para que se acuerden de George, el argentino.

Tiempo más tarde, y ya hablando un poco de chino decidí buscarme un nombre en el idioma local, y así comencé a llamarme A Nan, que es en realidad un nombre creado por mí y viene de la traducción fonética de Hernan. Claro, tampoco es tan así, los padres chinos no eligen un nombre para sus hijos solo porque suena bonito, es todo mucho más místico y siempre buscan algo con un significado. En el caso de Bruce Lee por ejemplo, su nombre verdadero no era ese y, curiosamente en China casi nadie lo conoce así. Recuerdo los primeros tiempos cuando para romper hielo yo decía que admiraba a Bruce Lee y la mayoría me miraba con cara de ¿y ese quién es? Es ridículo, es como preguntar a un argentino acerca de Messi y que no lo conozca. Es que el verdadero nombre de Bruce Lee es Li Xiao Long, literalmente el pequeño dragón Li. Creo que la mayoría de los que leen estas líneas deben saber que China es la tierra de los dragones. En la historia del país el dragón es un animal místico y poderoso, de ahí el nombre del buen Bruce. En mi caso, quizás mi nombre no tenga tanto misticismo, pero más allá de ser la traducción fonética de Hernán, A Nan se escribe en letras chinas así: y Argentina así:  阿根廷 . Si prestan atención en ambos casos la primer letra es igual. Por otro lado, la provincia de donde viene Zhufen se llama Yun Nan:云, por lo cual mi nombre se refiere a una unión entre nosotros dos, a una fusión entre Argentina y Yun Nan. ¿Porqué no una unión entre Argentina y China? Tendría más sentido probablemente, pero China en chino se dice Zhong Guo, y hacerme llamar A Guo no me sonaba para nada lindo.

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Mi nombre chino. Si un chino se puede llamar Mario, yo también me puedo llamar A Nan

Esto me quedó casi incorporado y es al día de hoy que cada vez que conozco a un chino me presento, sin darme cuenta y de manera casi mecánica, como A Nan y cuando conozco a alguien de habla inglesa como George.

Fue en una de las fiestas que yo organizaba para “estudiar inglés” que un grupo de norteamericanos llegó al lugar. Me acerqué y saludé a uno de ellos, y nos quedamos hablando unos minutos, en inglés. Al preguntarme mi nombre le dije “my name is George, I’m from Argentina”, y el hombre sorpresivamente, en su acento yanqui, me respondió “ah, entonces sos Jorge boludo”. Bueno, que iba a saber yo que había vivido unos años en Buenos Aires. Desde entonces, cada vez que conozco a alguien de Estados Unidos primero le digo hola, y depende de su respuesta elijo como seguir la conversación.


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El nuevo novio de Maradona

Atención: este post no es solo para argentinos, solo que siendo argentino es lo que me tocó vivir. Este blog es leído por personas de muchos países y como siempre, es para todo el mundo. Aunque parezca algo patriótico no es esa para nada la intención. De hecho, quien escribe estas líneas es muy malo jugando al deporte que se va a mencionar.

Hay cosas que por más que uno las escuche o las vea por televisión, es imposible de imaginarse realmente como son hasta que uno no las ve o no las vive. Una de esas cosas es la fama que tiene el fútbol argentino en otros países. Aclaro por las dudas que yo no soy futbolero, de hecho soy el típico que se engancha para el mundial o los olímpicos y fuera de eso es poco lo que mira. Pero nos guste o no, si hay algo por lo que somos famosos los argentinos en el mundo es por el fútbol.

Cuando yo llegué a China supuse que pocos conocerían a la Argentina, más que nada por la enorme distancia que separa a los dos países. Para dar una idea, solo de vuelo, sin contar el tiempo que uno pasa en el aeropuerto por el trasbordo, es de treinta horas promedio. Por otro lado, y como ya comenté en otro post, la ciudad adonde yo vivía, Changsha, era una ciudad del interior, ¿Qué me iba a imaginar yo que aún ahí cada vez que dijera que soy de Argentina me iban a responder como si hubieran estudiado todos la misma respuesta Aaahhh…fútbol. El fútbol de tu país es muy bueno. Sigue leyendo


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Haciendo negocios en China (parte 3)

Al notar que la situación en cuanto a ventas no parecía querer cambiar mucho decidí hacer uso de mis contactos. Le dije a Zhufen que una vez por semana llamaría a uno de mis amigos extranjeros y les haría una entrevista en el local, y al final la gente presente podría hacerle una pregunta también al invitado. ¿Y cómo lo vas a promocionar? Me dijo Zhufen. Fácil, le respondí yo. Hacemos fotocopias y las pegamos por todos lados. ¿En la calle? Me dijo ella- Hernán, ¿cómo vamos a hacer eso? Imaginate lo sucia que quedaría la ciudad si todos pegaran fotocopias en las paredes… ¿en Buenos Aires hacen así?- ee….no. Bueno a veces nomás.

Entonces, ya que no se podía pegar carteles en la calle, los imprimí y salimos a repartirlos tipo volanteros. Y ahí estaba yo, en el corazón de China repartiendo volantes para hacer propaganda. Creo que por cada lugar que uno pase tiene que dejar una huella, al menos así lo intenté hacer yo.

Días más tarde fue la primer entrevista y para la ocasión había llamado a mi buen amigo George de las Islas Seychelles.

El ritual al final de la entrevista con cada extranjero consistía en hacer un intercambio de banderas. En este caso, él me daba la de Seychelles…

El ritual al final de la entrevista con cada extranjero consistía en hacer un intercambio de banderas. En este caso, él me daba la de Seychelles…

y yo le daba la de Argentina. Y siempre cada uno debía explicar el porque del diseño y colores de la misma

y yo le daba la de Argentina. Y siempre cada uno debía explicar el porque del diseño y colores de la misma

Sin lugar a dudas fue un éxito de gente, sacamos algunas fotos y todo, pero nuevamente no eran muchos los compradores. Aún así atrajo la atención de muchas más personas y con ellas llegaron más negocios. Sigue leyendo