Green Day en Argentina

A decir verdad, Green Day en Argentina y en China sería un título más acorde.

 

Para aquellos que no sean fanáticos de Justin Bieber, Selena Gomez o del reggaeton, les comento que alguna vez existió una banda de rock llamada The Ramones originaria de Nueva York, pionera del punk rock norteamericano, y a partir de ellos surgieron nuevas bandas del mismo estilo o parecido hasta llegar a la década del ’90 y hasta nuestros días. Una de las bandas más representativas hoy es Green Day.

Yo siempre apoyo a la gente que quiere viajar lejos, muy lejos, a un país diferente. Ya el sólo hecho de viajar a otro país es muy bueno, pero si se puede viajar muy lejos mejor.

Aunque ustedes no lo crean, hay cosas básicas que nos unen a Zhufen y a mí, pero en muchas cosas somos como el agua y el aceite.

En China es prácticamente imposible escuchar buen rock n’ roll. Estamos hablando de un país en el que la mayoría de las personas nunca escuchó nombrar a bandas como Queen, Rolling Stones o The Beatles. No digo sus canciones, pero al menos sus nombres.

Yo por otro lado escucho mucha música y muy variada, pero mi género preferido es el rock y sus amplias variantes. Si prestaron atención, lo habrán notado en el post anterior. Por eso, cuando fui a China la primera vez me llevé una valija llena de CD’s y DVD’s musicales, y creo que fue una de las mejores decisiones que tomé.

Uno de los DVD era un concierto de Green Day, banda que por entonces me gustaba muchísimo y ahora me gusta mucho, y cuando lo miramos con ella quedó sorprendida. Por un lado por la música en sí, pero además por el cantante y por la forma de comportarse con el público arriba del escenario.  Lo cierto es que luego de eso se volvió una gran simpatizante.

Un concierto de una banda como Green Day sería imposible de ver en China, aún en la China actual.

Oh casualidad, en noviembre del año pasado Green Day vino a la Argentina después de 7 años, y oh casualidad nos invitaron para ir a verlos, así que sin dudarlo para allá nos fuimos. Y así pasamos las siguientes 3 horas, cantando, bailando y saltando junto a miles de (verdaderos) fanáticos.


A eso me refiero con viajar lejos. Esos son verdaderos intercambios culturales. Viajar no quiere decir que uno tenga que estar de acuerdo con todo, pero al viajar al menos uno puede ver algo diferente y seguramente comprenderá de manera más fácil que el mundo no se termina en la frontera de nuestros países.

Lo cierto es que si alguna autoridad china supiera que una chica de su país vino a la Argentina para ver un concierto de Green Day yo sería acusado de corromper almas inocentes y sería además condenado a la hoguera por el resto de mis días. Bueno, esa es una de las razones por las que escribo este blog en castellano. 😀

 

 

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Our wedding photos my dears!

Bueno, pues eso. Para los que no hablan inglés (y no quieren usar el traductor de Google), estas son las fotos de cuando nos casamos. En China las fotos son un negocio ultra lucrativo. Si me preguntan, creo que los celulares con cámara los crearon especialmente para los asiáticos. Si alguna vez se cruzaron con un grupo que japoneses, chinos o de gente de aquellos lugares que vienen de turismo, sabrán a lo que me refiero. Oh! Mira, un tacho de basura. Mira! Una piedra, que es igual a las piedras que hay en China, pero está tirada en suelo argentino! (click, click, click. Ruido de cámaras sacando fotos 🙂 ).

En China no es necesario esperar a un casamiento o una fecha especial para realizar un buen book profesional de fotos, cualquier fecha puede ser la mejor. Y no sólo eso, la forma en que promocionan todo es sencillamente espectacular. Ahora, y durante los próximos cuatro o cinco post les voy a mostrar nuestras fotos, las cuales están divididas en seis estaciones: el jardin, la playa, China clásica, arte, Europa clásica y celebración estilo occidental. Todo eso en sesiones de tres días. Terminamos muy cansados (al menos yo), pero creo que valió la pena. Espero que les gusten. Al final de todo les muestro un poco detrás de las escenas y les cuento también más acerca de la industria fotográfica en China.

Lo último, lo más importante y lo que siempre les digo: si nosotros pudimos, ustedes también pueden. No existen los imposibles, sólo hay que trabajar mucho y meterle muchas ganas. Y para aquellos que aún dudan acerca del verdadero amor, puede que esto suene muy estilo John Lennon, pero yo se los confirmo: este mundo aún tiene amor y es el sentimiento más grande que puede haber. Sólo hay que encontrar a la persona adecuada, y créanme, esa persona existe y está en algún lugar de este mundo.


















 

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Viajando en tren por China

Que este blog crece gracias a ustedes, mis queridos amigos, creo que no tengo que decirlo. Y este post nació de una pequeña charla que tuve con una chica  que estuvo leyendo el blog y decidió enviarme un mensaje (sí, recibo mensajes todos los días, y créanme, trato de responderlos a todos, aunque a veces es difícil).

Les aclaro que este post no va a tener casi fotos, es que el disco donde las guardaba se me rompió 😦

Ya sabrán ustedes (y si es la primera vez que pasas por acá lo vas a saber ahora), que por lo general rechazo ir a lugares turísticos. No es que no me gusten, sólo que me exaspera ir a un lugar con mucha ilusión y no poder ver nada a causa de tantas personas sacando fotos con el (casi) único fin de mostrarlas a sus amigos en Facebook en vez de disfrutar el momento. Creo que el creador del selfie stick debe ser rico, bueno, si es que lo patentó.

Por otro lado, créanme, hay lugares mucho más lindos que los que nos muestran en los folletos y encima suelen ser más baratos. Me considero además un viajero de experiencias. Para mí la vida está afuera, recorriendo la calle.

China es un país que está 100% conectado por tren, y si bien viajar en avión no es tan caro (al menos comparado con Argentina), obviamente es mucho más barato viajar en tren, y de hecho, los mismos trenes tienen distintas tarifas, distintos precios de boleto. Dudo que algún súper empresario los use, pero aún así creo que es el medio de transporte más democrático que hay.

Primero están los boletos más baratos. Estos no incluyen asiento, es decir, la persona debería ir parada todo el tiempo. Claro, uno pensaría que en un viaje de 30 minutos o una hora no hay problema, pero estos trenes unen provincias en un país gigante. Van de norte a sur, de este a oeste. Viajar 20 o 25 horas parado definitivamente no es lo más cómodo. Esto es además para que vean que por más avance que tenga China estos días, hay algunas partes que siguen siendo de antaño.

Luego vienen los boletos con asiento, y estos se dividen en asiento blando y asiento duro, aunque a decir verdad yo no vi la diferencia. Finalmente están los boletos con cama. Si uno compra estos es sólo cuestión de relajarse.

He aquí mis experiencias, bien al estilo Hernán.

La primera vez que viajé en tren (en China), lo hice, debo admitirlo, por falta de dinero. Había sido esa la primera vez que viajaba en tren de larga distancia, y fue más bien de sorpresa. Para resumir, hacía tres meses que había llegado a China. Había conseguido empleo de manera informal. Me habían prometido una visa de trabajo y fui cuasi engañado. Me encontré entonces con la difícil tarea de conseguir una nueva visa de turismo en una semana y correr el riesgo de ser deportado.
Para renovar la visa debía viajar a Hong Kong, pero como Zhufen no conocía tremenda ciudad (una de mis preferidas) le dije que me acompañe.  Hasta ahí no parece tanto problema, pero los chinos necesitan un permiso especial para ir a Hong Kong cual si fueran extranjeros, por lo cual Zhufen debía pedir el suyo, y como ella había nacido en otra ciudad en otra provincia, para allá fuimos.

En aquella primera ocasión pedimos los pasajes con cama, y menos mal que lo hicimos. El viaje según decían debía durar unas 22 horas, pero terminó durando 24. Eso sí, fue tremendamente puntual a la hora que debía salir.

Cuando uno va a un lugar sin siquiera haber visto una foto, la sorpresa siempre es mucho más grande.

De esta manera recorrimos pueblos, pueblitos, aldeas, aldeas que parecían la de los pitufos metidas en medio de las montañas compuestas por no más de veinte casas. Arrozales de muchos metros de altura armados de tal manera como si fueran escaleras al cielo a través de los cuales los campesinos paseaban con sus bueyes con el equilibrio de las cabras de montaña. Verdes, amarillos y naranjas en todas sus tonalidades. Paisajes de ensueño.

La imagen no es mía, pero esto es lo que yo veía

En cuanto al tren, las camas eran cuchetas y venían en filas de a tres. Yo elegí la de arriba de todo para no ser molestado, y aunque era cómoda para dormir, no lo era para sentarse ya que al hacerlo tocaba el techo con la cabeza.

A cada rato pasaban vendedores, autorizados por la empresa del tren, ofreciendo todo tipo de comida. Lo principal eran los fideos instantáneos, esos que vienen en un bowl de papel y que con sólo agregarles un poco de agua se transforman en una deliciosa sopa.

En aquel país, comida de estudiantes y de gente de bajos recursos. Para mí eran riquísimos. Por supuesto, hubiera preferido un sandwich de milanesa o jamón y queso con mayonesa y pan francés, algún alfajor (soy fanático de los alfajores) o al menos un choripan, pero claro, eso era imposible, estaba en el corazón de China.

Así es, soy fanático de los alfajores

 

La gente del vagón, como siempre, de diez y muy curiosa. Ya hacía calor y me había puesto la remera de la selección de fútbol (aunque no me gusta el fútbol, pero es los que nos identifica a los argentinos en el exterior mal que nos pese), y como siempre estaban los que me nombraban a Maradona y a Messi. Sin embargo rápidamente me tiraron el orgullo por el suelo cuando uno me dijo: A…sí, Argentina…está en Europa ¿No?, ¿o está cerca de Australia? ¿Qué idioma hablan allá? Yo tenía ganas decirle hablamos malayo mezclado con maorí pedazo de hijo de mil….y luego pegarle un coscorrón como hacía Don Ramón con el Chavo.  Pero después reflexioné y dije estoy a miles de kilómetros de mi país, no tienen por qué saber dónde queda, de la misma forma que la mayoría de las personas fuera de China no sabe ni escuchó en su vida acerca de Changsha, la ciudad adonde yo vivía.

Hubieron más viajes en tren, pero sin lugar a dudas los dos últimos fueron los más interesantes.  Estos ocurrieron cuando tuvimos que tramitar la visa argentina para que Zhufen pudiera ingresar al país. La embajada argentina está en Beijing, y nosotros vivíamos a unos 1477 kilómetros. Obviamente no se podía ir a preguntar y volver, así que tras llamar varias veces por teléfono y mandar infinidad de mensajes para asegurarnos que teníamos todo, para allá fuimos. Nos habían dicho que sólo necesitaríamos un día o dos para hacer los trámites, y luego ellos le mandarían el pasaporte por correo. Por supuesto, como no podía ser de otra manera hubieron problemas y nos hicieron quedar dos semanas. Pero el jueves de la segunda semana, cuando nos dijeron que por fin estaba todo listo y fuimos a retirar el pasaporte a la embajada nos enteramos que todavía faltaba un papel más, y dicho papel me lo había olvidado en mi casa, a cuatro provincias de distancia. Rápidamente fui a mi computadora para comprar un pasaje de ida y otro de regreso con la intención de estar al siguiente lunes de vuelta. De avión no había nada por una semana y de tren sólo había pasajes de los más baratos, para ir sentado. Sin más opción compré uno para la próxima mañana. Como el viaje era a primera hora la dejé a Zhufen durmiendo en el hotel, y como en teoría ya conocía el camino a la estación me fui por mi cuenta. Algo que ella nunca supo fue que llegué a las corridas y que estuve a punto de perder el tren (como tantas otras veces, siempre viviendo al límite).

Aunque no estaba muy feliz que digamos, debo admitir que tenía mucha curiosidad.

Por supuesto que adentro del tren el único extranjero de piel blanca y de cara occidental era yo. La verdad me sentí como en la película Los Beverly Ricos, y es que en verdad el cuadro era como la siguiente foto, solo que en vez de auto íbamos en tren y la gente no mostraba el dedo.

No soy crítico de cine, ni me interesa serlo, pero los Beverly Ricos es una de las mejores películas que ví 😀

El campesinado en su plenitud viajaba junto a mí, algunos incluso llevaban sus gallinas en una caja. Todo estaba sucio, pero no es una crítica, es una realidad. No estaba pintado ni maltratado, simplemente estaba lleno de papeles por el piso y semillas de girasol por doquier (los chinos son fanáticos del girasol). Por supuesto nadie hablaba una palabra de inglés y cuando me preguntaban de qué país venía tenía que decirles el nombre de Argentina en chino. Sólo ahí comprendían, y aún en ese lugar no pude safar del “oh…ma la duo na…su zhou hen hao” (Oh…Maradona, fútbol muy bueno jaja). Creo que ya lo dije varias veces, pero acá va de nuevo: casi no me gusta el fútbol y no soy seguidor de Maradona, pero como argentino cada vez que estoy en otro lugar lo primero que me dicen es Maradona (y ahora Messi). Por suerte en lugares tan lejanos no hablan de su vida privada, sólo de sus habilidades como futbolista, y del famoso gol a los ingleses.

En este caso el viaje duró unas veinticinco horas, y aunque yo había comprado el boleto para ir sentado, la verdad es que no podía pararme porque el vagón era compartido con la gente que iba parada, y apenas uno se levantaba cualquiera podía ocupar el asiento y vaya uno a reclamarle a su abuela.

De estos viajes fueron dos así: veinticinco horas hasta mi casa, ir a buscar el papel que me faltaba, volver cuatro horas más tarde nuevamente a la estación y emprender otro viaje de regreso a Beijing sentado por veinticinco horas más. Una locura, pero era la única opción. Debo aclarar que después de eso estuve dos años seguidos sin sentarme.

Esta fue la distancia que tuve que recorrer sentado ida y vuelta en un fin de semana. Puede no parecer mucho, pero créanme, lo fue.

 

Por suerte todo terminó saliendo bien, Zhufen pudo obtener su visa y los dos pudimos venir a la Argentina. En cuanto al viaje, no puedo decir que lo disfruté pero no me arrepiento. Creo que no lo volvería a repetir, al menos de esa manera tan acelerada, y aunque fue de lo más barato para mí valió más que cualquier viaje en primera clase del mejor avión. Hay que animarse a más mis amigos. Tengan el trabajo que tengan, vivan donde vivan, anímense a de vez en cuando salir de la rutina.

Y bueno, si querían saber cómo se viaja en tren por China (yo sé que es una pregunta que no los dejaba dormir), ahí tienen, así es como se viaja en tren por China.

 

 

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En el paraíso chino

China es un país mágico. Hace unos años cuando vine por primera vez a este país una de las primeras cosas que tuve en claro, y que dije, fue que si había un momento en el que había que venir a China era este, y es que si uno quiere ver un país en cambio, en transformación constante, creo yo, en la mayoría de los casos para bien, es este. Y lo seguirá siendo por muchos años más, porque es un país tan grande y con tanta gente que indefectiblemente es un proceso que va a llevar muchos años.

La historia de hoy comienza en una de esas escapadas que uno se pega cuando está aburrido y no sabe que hacer  en el medio de un pueblito chino. En mi caso, ese lugar era el pueblo de he mo chang en la provincia de Yun Nan. Estaba llegando la primavera y se suponía que el clima debía ser agradable, muy agradable según decían. Yo ya había preparado mis anteojos de sol y mi gorro, pero rápidamente tuve que guardar todo ya que el clima, lejos de ser agradable, estaba congelado. Según la gente local, hacía mucho tiempo que no se sentía un clima así de frío. Por mi parte, mientras desechaba la idea de pasearme en camisa de mangas cortas y bermuda pensaba en mi interior la mala suerte que tenía. Lo peor de todo fue que ni siquiera tenía ropa de abrigo, apenas tenía un buzo y mucho menos una campera. A decir verdad, la temperatura rondaba los cinco grados, pero al estar en una zona montañosa parecía estar bajo cero.

Esa misma mañana Zhufen recibió una llamada por teléfono, bueno, por QQ, de unas amigas de la escuela secundaria que habiéndose enterado que estaba por sus pagos querían ir a visitarla, así que hicieron una cita para encontrarse varias horas más tarde. En el mientras tanto aprovechamos para salir a recorrer un poco el pueblo, que como usted sabe mi querido lector es eso lo que a mí me encanta (definitivamente no nací para quedarme dentro de un hotel), y de paso compré una campera porque ya el frío se había tornado insoportable, al menos para mí.

A la hora del almuerzo, es decir a las once de la mañana, nos encontramos con estas personas, que eran dos chicas con sus respectivos maridos e hijos (malcriados como el 90% de los chicos chinos), y tras comer bastante y brindar veinte veces con ese horrible vino de arroz de 52% de graduación alcohólica nos invitaron a ir a pasear a otra ciudad. No voy a mentir, la verdad es que estaba bastante aburrido, pero de todas formas no tenía escapatoria así que acepté la invitación. Bueno, aceptaron por mí. Sé que no tiene nada que ver con esto, pero algo que nunca deja de sorprenderme es como los chinos parecieran están formados para los negocios. Recuerdo, por ejemplo, que aquella tarde mientras caminábamos sin rumbo bajo el sol todos intentaban hablar conmigo, quizás por curiosidad o quizás para no ser descorteces. Cosas de rutina, ¿de dónde sos? ¿cuánto tiempo vas a estar acá?, ¿te gusta China? Y tras varios minutos uno de los hombres que parecía pensativo me mira y me dice: “¿sabes qué?, tendríamos que vender camisetas de fútbol de Argentina acá, Messi es muy popular, sería buen negocio”. Seguramente fue un comentario más, pero no deja de ser interesante pues esos pequeños detalles, esos pequeños diálogos si uno sabe prestar atención, son un reflejo bastante aproximado de la sociedad y del país. Acá en Argentina, cuando uno conoce a una persona la invita a salir, a conocer la ciudad, a mirar una película o a comer algo quizás, o quizás simplemente hablan de la vida, pero creo que lo último que haría para romper el hielo sería proponerle un negocio a una persona a la que acaba de conocer.

Fue así que salimos de la ciudad y nos metimos en la ruta. En el camino nos topamos con algunos vendedores de frutas y nos detuvimos a estirar los pies en un gigantesco campo de flores amarillas.

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Habíamos recorrido alrededor de una hora y el clima ya empezaba a cambiar, al menos había salido el sol. Justo en ese lugar había una montaña con un gigantesco buda dorado en la cima el cual me moría por subir a ver. De hecho nos habíamos bajado para eso, pero al preguntar quien quería subir todos dijeron que no y yo simplemente dije “¿entonces para qué demonios nos hicieron bajar?” (en realidad utilicé otras palabras, usted use la imaginación, y es que en ese lugar y en esa situación el español es un idioma extraño que nadie comprende jaja). Sólo me contenté con mirar hacia arriba y observar a la distancia un pequeño punto dorado y brillante al que ni siquiera me molesté en sacarle una foto.

Y así, en medio de anécdotas escolares que nada tenían que ver conmigo con canciones de guardería de fondo al estilo Barney el dinosaurio pero en chino, en medio de la ruta, de árboles y de campo, casi como por arte de magia apareció otra pequeña ciudad. Al principio no parecía ser nada del otro mundo más allá de estar lleno de máquinas y edificios de cuarenta pisos que ya comenzaban a levantarse, cosa que a esa altura ya no me llamaba la atención para nada. Pero tras recorrer unas cuadras llegamos a lo que era literalmente una playa artificial armada en el medio de la nada, y aún más, había toda una ciudad alrededor. Salvando la distancia y el tamaño, uno  se sentía como esas películas paseando en auto por calles con palmeras en Beverly Hills, y es que hasta algunos carteles estaban además de chino en inglés.

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Acá el clima ya era definitivamente otro, cálido a caluroso, pero no sofocante. Había un poco de viento aún y quizás por esa razón la mayoría de las personas andaban de mangas largas. La gente que iba y venía parecía disfrutar de una vida mucho más tranquila y relajada, ¿y quién no lo haría en un lugar así?

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Estos son los lugares que vale la pena conocer, lejos de los circuitos turísticos y donde se puede apreciar de forma total y absoluta la vida local. Y es acá donde se logra apreciar el momento por el que está pasando China. Si se dejan de lado ideologías estúpidas, de izquierda o de derecha y en vez de eso el Estado se enfoca en crecer, el progreso es inevitable.

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18Para aquellos que tenían la duda, sí, en China los chicos en la playa también juegan con moldes de animales. Ahora ya pueden dormir tranquilos.

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12En Argentina cuando uno va a la playa hay vendedores que pasan vendiendo helado, choclo, jugo de frutas…en China en cambio, pasan vendiendo zanahoria blanca mezclada con ají picante, y a los chicos les encanta. ja ja

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8¿Quién dijo que todos los lugares de China están repletos de gente?

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Y bueno, después de una tarde fabulosa volvimos a la ciudad del principio para despedirnos cenando y brindando con vino de arroz, ¿qué otra cosa podía ser?

 

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En el campo chino

La última vez que vine a China fue por una razón totalmente diferente a la de ahora, y la experiencia sin lugar a dudas fue también muy diferente. Fue conocer otra cara de este enorme país, desde otra perspectiva. Es que los tres años anteriores me los pasé, por sobre todas las cosas, trabajando, y sobre todo en el ambiente en el que trabajaba, me hizo ver otra realidad, o quizás otra imagen de la misma moneda que a veces parece tan alejada que hasta por momentos me pregunto si realmente estuve en el mismo país.

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Básicamente antes estaba en la ciudad y ahora estoy en el campo, y antes vivía solo y ahora estoy en una casa de familia. La ciudad en la que vivía, Changsha, era una ciudad de las consideradas de nivel medio y debido a eso se veía un crecimiento casi frenético que por ejemplo no se veía en Beijing la cual es considerada una ciudad grande, y si bien crece como toda China ya no lo hace de forma tan acelerada. La realidad también era otra debido que al trabajar como profesor de idiomas me movía en un ambiente en el que casi todas las personas hablaban inglés, lo suficiente al menos para defenderse, y acá la verdad es que casi nadie habla ese idioma más allá de un hello o un thank you. Eso sí, al decir que vengo de Argentina me siguen respondiendo con “el fútbol en tu país es muy bueno” y “ohhh…Messi hen hao (Messi muy bueno)”.

Shilin, el lugar adonde estoy ahora, es un pequeño pueblo en la ciudad de Kunming, en la provincia de Yun Nan. En realidad el pueblo está a unos quince o veinte minutos de auto, yo estoy realmente en el campo, y digo de auto ya que ni siquiera hay colectivos que me acerquen ahí. Es increíble entonces pasar de una ciudad de rascacielos que día y noche no para de crecer repleta de pantallas led y colectivos estilo inglés de dos pisos a una ciudad en la que las casas aún siguen teniendo sus propias vacas y gallinas, y que ambos lugares estén separados tan sólo por una hora de viaje.

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Sin embargo, hay cosas que unen a las dos ciudades y a toda China, y es que cada una a su ritmo no para de crecer. Hace cuatro años cuando estuve acá todo lo que se veía eran cultivos y esa China idílica que uno imagina llena de campos de arroz e interminables plantaciones de todo tipo con las típicas casas de techos puntiagudos. Hoy de eso ya sólo debe quedar un cuarto, y es justo donde estoy yo, y estoy seguro que en unos años incluso va a ser menos de eso. Por supuesto que acá no se ven grandes edificios y no hay un subterráneo (metro) super moderno de treinta estaciones, aún, pero ya aparecen estas señoras casas y seguramente en unos años lo otro llegará.

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En la foto no se aprecia tanto, pero en la realidad es todo un barrio de casas tremendas.

La otra cosa que ambos lugares comparten es un optimismo en general de la gente y una enorme fe en el futuro, y es acá donde se ve la diferencia con nosotros. Es que en China es el gobierno el que toma las tierras y sin pedir permiso empieza a construir, algo que para nosotros sería visto como un atropello a los derechos humanos e individuales. Sin embargo, aunque la gente mayor no está del todo a favor la gente más joven está muy de acuerdo, en general, ya que ven en eso el progreso de su nación. Es entonces cuando reafirmo mi teoría de que no podemos juzgar todo con nuestra visión occidental, latinoamericana y argentina en mi caso, ya que muchas cosas que nosotros damos por sentado en esta parte del mundo no es así, y viceversa, y no significa que nosotros estemos bien y ellos mal, es simplemente diferente y hay que respetarlo.

La realidad es que China sigue estando en el foco de la tormenta, en el buen sentido, y si hay un momento para conocer este país creo que es este. Mientras tanto, vale la pena seguir disfrutando de esa parte tradicional que uno jamás verá en la mayoría de los paquetes turísticos.

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No soy fanático de los video juegos, pero cuando vengo por estos lugares no puedo evitar sentirme dentro del juego Zelda: Ocarine of Time

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Después de un arduo trabajo, nada mejor que disfrutar de un buen bowl de fideos bajo el sol.

 

 

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Como obtener la visa china

Bueno, por fin estoy más o menos acomodado, y después de lidiar con el tema de las conexiones a internet por fin puedo volver a escribir. Como ya sabrán ustedes señores lectores de aquel mundo lejano llamado Latino América, y de aquel país tan lejano como la Comarca de los Hobbits llamado Argentina (desde esta parte del planeta son puntos lejanos), al llegar a China, si uno quiere seguir viendo sus videos en Youtube, si quiere seguir buscando información en aquel gran sabio que parece tener todas las respuestas (incluso la clave de la caja fuerte que no sabía el jefe de los mini super) llamado Google o si tenía planeado mostrarle a sus amigos las fotos de los templos milenarios del gigante asiático en Facebook, hay que recordar que se necesita un VPN. Si es la primera vez que entran en este blog hagan clic acá para enterarse de este tema, el cual ya fue explicado. Ahora, yo, habiendo vivido, estudiado y trabajado acá por tres años y que se me pase esto…si ya sé, no tengo perdón. En realidad no se me pasó, pero debería haber contratado el servicio en Argentina y no haber esperado a llegar acá para hacerlo. Por otra parte, se me hizo difícil encontrar una conexión a internet por que esta vez no estoy en la ciudad, y es un mundo aparte. Sea como sea, quiero empezar hoy con algo que debería haber hecho hace mucho tiempo y es explicar en detalle todo acerca del visado chino, el cual, si bien es relativamente fácil de sacar, es requisito necesario para poder entrar. No quisiera tener que viajar treinta y pico de horas para que al tocar el aeropuerto me hagan pegar la vuelta. Por suerte para Hong Kong los argentinos no necesitamos visa, aunque por supuesto si alguien tiene pensado viajar a la isla averigüe bien, no vaya a ser cosa que justo esta semana hayan cambiado las cosas.

En fin, comencemos.

Lo primero es lo primero, y lo primero son los requisitos , los tiempos y las direcciones. En Buenos Aires la Embajada de China (el lugar donde se tramita todo) está en el barrio de Villa Urquiza, en Crisólogo Larralde y Triunvirato, y para llegar la mejor manera (al menos eso me parece) es tomando el subte de la línea B y bajarse en la estación Juan Manuel de Rosas. De ahí hay que caminar unas diez o doce cuadras por Triunvirato y van a ver el edificio justo en la esquina, el cual si bien no tiene ningún cartel grande que diga Embajada de China, salta a la vista que es algo chino por la forma y por que entran y salen chinos todo el tiempo. Los horarios son de lunes a jueves de 09:00 a 12:30 hs. y el teléfono ni lo dejo por que si en una de esas atienden no suelen dar información por esa vía.

Si bien los requisitos no son muy complicados, siempre conviene ir al menos una vez para averiguar bien y no planear que todo se va a terminar si o si esa mañana. Puede que si como puede que no. Esto lo pueden encontrar en la página de la Embajada, pero básicamente lo que se necesita es:

1) Pasaporte vigente con una duración mínima de seis meses (o sea, que le queden al menos seis meses antes de que se venza) y el mismo debe tener al menos dos páginas en blanco.
2) Fotocopia de la parte de los datos del pasaporte (donde está la foto, el nombre, el número de pasaporte, etc.).
3) El formulario de solicitud de visado el cual lo piden ahí mismo apenas en la entrada.
4) Una foto carnet (reciente y sin gorro) de 48×33 mm
5) Una copia de la reserva del pasaje y del hotel al que van a ir. Esto último parece complicado pero no lo es tanto, más abajo se los detallo. En mi caso yo lo hice todo en una misma mañana, es que la Embajada me quedaba muy lejos y en lo posible no quería hacer dos viajes, y además por que aunque una sola vez había tramitado la visa en Buenos Aires, debo tener al menos siete visas que me las dieron estando en China por estudio, trabajo y turismo (hasta tengo dos visas cuya duración es de una semana), y creí que no iba a tener problema, cosa que por suerte fue así.

Si es la primera vez que viajan, como dije arriba, yo lo que recomiendo es ir una vez a la Embajada para echar una mirada o al menos imprimir el formulario a llenar para que lo vean bien. Lo pueden ver en este link.: Formulario Visa China

La primera vez que viajé a China lo hice por Air Canada y la vuelta por Qatar Airways. En mi opinión ambas son muy buenas, aunque los árabes son los árabes y sus aviones son excelentes, pero como no habían pasajes por esa aerolínea para la fecha que yo buscaba me incliné nuevamente por la canadiense. Busquen bien y no se queden con la primera respuesta. Pregunté en una empresa y me dijeron $25.000 pesos ida y vuelta por persona. Fui a otra y me dijeron $20.000, lo cual con un dólar a catorce pesos ya era barato teniendo en cuenta que es un viaje alrededor del mundo. Sin embargo seguí y me dijeron $18.000. Hice la reserva y cuando fui a pagar una semana más tarde me dijeron que había bajado a $17.000, cosa rara en la Argentina, pero para mí fue buenísimo. Al final me terminé ahorrando más de diez mil pesos en los dos pasajes (para mí y para Zhufen), cosa que no es poco. Una vez más, no se queden con lo primero que escuchen. Si necesitan una data más, las oficinas de Air Canadá están en Córdoba y la peatonal Florida (sobre Córdoba), en pleno microcentro porteño.

Ahora prestad atención aquí mis chicuelos que esto es muy importante. En el formulario para pedir la visa China nos pide que llevemos una copia de la reserva la cual no es ni más ni menos que la ruta de vuelo detallada con horarios y días de partida y llegada y regreso (no se puede sacar pasaje sólo de ida) y los países por los que uno hace escala. Esto lo tienen que pedir en la agencia de turismo. Hay algunos que no lo quieren dar por que la reserva en sí dura veinticuatro horas y luego carece de validez, lo cual en rigor de verdad es cierto, pero eso no importa, lo pueden presentar igual, y si aún así no les quieren dar nada abandonen el lugar. Nunca, repito, nunca compren un pasaje sin antes haber obtenido la visa ya que, si bien no es frecuente, si les llegan a rechazar el visado el pasaje se lo van a meter adonde ya saben y ninguna empresa les va a devolver nada de dinero.

Ya una vez con esto volvemos a la Embajada. Si bien el trámite lo puede hacer un tercero yo recomiendo que vaya uno mismo por las dudas. Nadie conoce mejor nuestros datos que nosotros mismos. Una vez adentro sacamos número, tomamos el bendito formulario y lo empezamos a llenar. Por suerte la mayoría de los empleados son argentinos así que no hay problema de idioma.

Los primeros datos son fáciles. Nombre, apellido, etc.. (la foto la pegan ellos).

 

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La segunda parte son los datos del viaje. En mi caso, si bien venía para visitar a la familia de Zhufen, puse turismo para no complicarla, y en cuanto a las entradas puse una por que ese era mi plan, pero si planean un viaje un poco más extenso o ir a algún país de la zona y volver a entrar a China les conviene poner dos o más entradas. La visa de turismo de todas formas es por tres meses. Luego si uno está apurado puede pedir el servicio urgente con el cual le dan la visa de un día para el otro, y si no hay apuro elige el servicio normal que demora cuatro días hábiles y cuesta más barato. Depende de uno.

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Y acá la parte que asusta a algunos: itinerario de China. Yo les voy a contar lo que hice yo y lo que en realidad deberían hacer ustedes. En ambas ocasiones, esta y la vez anterior que vine a China, yo no iba a ningún hotel ni nada parecido, y tenía quizás el diez o el cinco por ciento de la información que hoy puedo escribir acá. Lo que yo hice en ambas ocasiones fue dejar como ahí dice la dirección del lugar en el cual iba a parar. La primera vez me esperaba Zhufen así que dejé la dirección en donde ella vivía (número de departamento, piso, barrio, ciudad, todo), y la segunda vez, ahora, hice lo mismo pero con la dirección del hermano de ella. Escuché y leí por ahí que “no les gusta que dejes la dirección de una persona en vez de la de un hotel, hostel o algún lugar que demuestre que vas por turismo”. En mi caso, hice lo contrario y como acabo de mencionar no pasó nada, es que realmente yo no iba a ningún hotel. Ahora, aún si a vos que estás leyendo por alguna razón te invita alguien a su casa de todas formas no me animo a recomendarlo, a mi me salió bien y puede que a otras personas les salga mal. En todo caso que cada uno haga como quiera ya que no quisiera ser yo responsable de un rechazo. Lo más recomendable y seguro en realidad es hacer una reserva en algún hotel a través de internet, imprimirla y mostrarla junto al formulario. Una vez obtenida la visa uno tranquilamente puede cancelar la reserva del hotel y no pasa nada. Generalmente los hoteles no cobran por cancelación pero averiguen bien primero, y si no pueden hacer la reserva a través de Booking.com directamente. Recuerden que tanto esto como lo del itinerario de viaje es una mera formalidad ya que una vez obtenida la visa nadie va a preguntar nada ni en Argentina ni en China.

formulario china 3
El resto son preguntas de rigor. Por suerte, gracias a que mi amigo chino me salvo de una ilegalidad en un pueblito de su país la última vez que lo visité no tuve que pasar una noche tras las rejas (o quien sabe cuanto) y pude responder a todas las preguntas que no, pero eso es otra historia.

Listo. Uno entrega todos los papeles en la ventanilla y le dan un comprobante con la fecha para venir a retirar y otro para que haga el depósito del costo de la visa en un banco ICBC que está justo enfrente de la estación del subte. Esto no lo voy a explicar por que llevaría más líneas que lo que realmente es el trámite. Sólo siga a la multitud que ellos lo van a guiar, y si no sabe como hacer el depósito estire el cuello y espíe al que tiene delante en la fila.

Eso es todo. Guarde los comprobantes y vuelva a la Embajada el día señalado. Si usted no planea viajar a China para realizar un atentado, vender droga o hablar mal de Mao en público, lo cual podría ser peor que las otras dos juntas, seguramente no va a tener problemas y su visa va a ser entregada en tiempo y forma.

Es muy probable que Google sepa la combinación

 

 

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