Hernan por el mundo


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En la revista GENTE: Un cuento de amor chino

Ahora sí mis queridos lectores, seguidores, amigos, acá está la nota que nos hicieron para la revista GENTE. Seguramente este va a ser el último post del año y creo que, justamente con este post, es la mejor manera de hacerlo. Feliz año a todos, sean del país que sean, no dejen de soñar, no dejen de ponerse metas y no dejen de tener objetivos. Desde el sur del mundo Zhufen y yo les mandamos los mejores deseos para que el 2014 esté lleno de éxitos.

Aclaración: abajo va la nota completa. Hay detalles que nunca compartí en este blog y no me dejan realmente orgulloso. Así es señores, me pasé varios años cocinando comida china y no sé cocinar asado, así que ya tengo una meta meta para el año que viene. Con respecto a las fotos, es verdad, no salí del todo bien y al parecer de las doscientas fotos que sacaron eligieron las no mejores. En fin, todo se compensa con la buena onda del periodista y el fotógrafo y en definitiva, hay muchísimas otras fotos en este blog sacadas desde mi ángulo más fotogénico  : D

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Amor chino. Hernán y Zhufen se conocieron por internet. Crónica de un amor que se convirtió en libro. Mi sueño chino

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UN CUENTO (DE AMOR) CHINO: “cruzamos el mundo para encontrarnos”.

Hernán y Zhufen se conocieron por Internet en  2006. Luego de enamorarse, él compró un pasaje al país asiático y fue a conocerla. Vivieron allá tres años. Hoy lo hacen en un departamento de Buenos Aires. Del primer chat al sueño de matrimonio, crónica de un amor sin fronteras que hasta acaba de convertirse en libro.

Palitos y tenedores (abajo a la derecha): Hernán y Zhufen viven en Buenos Aires desde 2012. Aunque suene extraño, pocas veces visitaron el Barrio Chino. Sin embargo, aceptaron ir a almorzar ahí para la nota con GENTE.

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El cuento empieza en Berazategui. Hernán Acevedo, 19, no imagina que en pocos minutos después de que entre por primera vez a un chat, su vida va a cambiar para siempre. Es el año 2006 y Hernán poco sabe sobre China, apenas que si hace un pozo en la tierra y atraviesa todo el planeta, ese pozo sale al exacto otro lado del mundo, en las pampas de la dinastía Ming. Justamente en esos lares, exactamente en la provincia de Yunnan, vive Zhufen, quien tampoco se imagina la trascendencia que ese chat va a tener en su vida. Ni que va a terminar en un libro. Lo cierto es que ese chat, como todos los chat del planeta, comienza son alguna conversación banal sobre cualquier tema. Ni él ni ella dominan muy bien el inglés, pero lo intentan. Algo, una química, una magia de la distancia…algo los hace interesarse más de lo pensado. Y así, sin darse cuenta, Hernán empieza a tener un sueño.

Pasan dos años y Hernán y Zhufen están enamorados, pero todavía no se conocen. Hablan por teléfono eventualmente (él consigue una de esas tarjetas de llamadas internacionales), y hasta se dicen que se extrañan, entelequia absurda en la que ni reparan, porque en sus cabezas -y en los embelecos de su cabeza- realmente sienten que se extrañan. Hernán, durante esos dos años, sólo se dedica a trabajar y ahorrar. Y finalmente, cuando se da cuenta de su sueño, se compra un pasaje para China y vuela a encontrarse con Zhufen. “Tuve que viajar a Canadá y hacer escala en Toronto, de ahí a Vancouver, de ahí a Hong Kong y un avión más a Changsha. Zhufen me fue a esperar al aeropuerto. Me tuvo que reconocer ella a mí, porque era más fácil. En ese último avión éramos sólo dos extranjeros, yo y un chileno con el que me hice amigo. Me acuerdo que él salió antes que yo de Migraciones. Ella lo vio y se asustó, hasta que me vio a mi y me reconoció. Había pensando que capaz la había engañado y era distinto. Ja. De ahí fuimos en taxi  a su casa. Ahí en el auto, fue el primer momento medio romántico: nos tomamos de las manos, nada más que eso, pero era mucho. En cierta manera los dos cruzamos el mundo para encontrarnos. Primero por la red, luego en persona. Y allí estábamos. Cuando entramos  al departamento, fue la típica situación de película:  dejamos la valijas en el suelo y nos dimos el primer beso”.

Durante los próximos tres años viven juntos en China. Él se pone a estudiar el idioma y a dar clases de español. Con el tiempo consigue un contrato de trabajo que le extiende la visa y logra tener su propio negocio: primero, un local de libros, después uno de gorros. La prueba de fuego fue, sin embargo, cuando tuvo que conocer a sus suegros. “Hacía tres meses que había llegado y yo tenía que ir a Hong Kong para renovar la visa. Entonces, aprovechamos que la casa de sus padres quedaba para ese lado y fuimos a visitarlos. Nos compramos un pasaje de tren y viajamos 25 horas…Por lo menos estábamos en un vagón con camas…Porque en China hay clases en las que viajás  parado las 25 horas, eh…Y bueno, aprovechamos y fuimos a conocerlos. Llegamos a la estación y nos pasó a buscar uno de sus hermanos. Re buena onda; además era el único que hablaba inglés. Llegamos a la casa y nos presentamos. Yo estaba con la camiseta de Argentina. Y empecé ‘Ni hao, Ni hao’ (hola, hola). Llegó el padre. El tipo no sabía de mi existencia: creía que era un amigo. Uf…fue duro. Se veía que no quería saber nada”. Zhufen se suma a la charla y en trabajoso español agrega: ” Es así. Me agarró a mí y me dijo: ‘¿Es tu amigo o tu novio?’ ‘Mi novio’ le contesté. Se quedó callado; no le gustó. 

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China, by Hernán: “Una de las principales diferencias que encontré con nuestro país fue durante un viaje en colectivo. Estábamos yendo a casa de unos amigos y me di cuenta de que nadie controlaba los boletos. Como buen argento, le dije a Zhufen que no pagáramos. ¡Para que…! Me contestó que el transporte funciona gracias al aporte de todos, y que si nadie paga no se puede mantener la calidad del servicio. Claro, eso es lo lógico, pero yo nunca me había parado ni a pensarlo. A partir de ahí nunca más me colé, ni allá ni acá”.

La cosa, aunque difícil, prosperó. Después llegó la hora de la cena y el choque cultural volvió  a sentarse entre ellos, aunque esta vez Hernán lo recuerda con humor. “Me senté a la mesa y estaba el típico banquete chino, porque ellos cuando reciben agasajan, no importa a quien. Había mil cosas para comer, pero estaba hacía poco en el país y bastante nervioso. Para no meter la pata, me serví un poco de arroz blanco y nada más, no fuera cosa que algo no me gustara…Me miraron todos, hasta que alguien me explicó, casi como un reclamo, que el arroz era el acompañamiento, que era como comer sólo el pan, que la comida eran los otros platos, y que no comer nada era casi como un insulto…Me quería matar. Y bue, me serví un poco de todo, obvio”. 

Hoy, después de tres años de vivir el sueño chino, Hernán y Zhufen vinieron a la Argentina a seguir probando suerte. “En realidad, volví para ver a mis viejos, que ya me reclamaban. La verdad es que allá estábamos bien. Pensá que, de la nada, en tres años pude ser alumno y profesor, y terminé teniendo dos locales propios, el de gorros y el de libros. O sea, realmente se puede crecer…Pero bueno, también tenía que ver a mi familia. Así que ahora estamos probando acá y después veremos que hacemos”, vaticina él.

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Argentina, by Zhufen: “Acá, la mayor diferencia es la gente. En China son muy alegres, pero nadie interrumpe la vida del otro, no hay contacto entre desconocidos. En la Argentina, en cambio, es como si todos fueran amigos. Por ahí llegás a un lugar y todos te saludan con un beso: eso allá no pasa ni entre amigos. Al principio costaba, pero ahora ya me divierte la manera de ser de los argentinos. Puede haber mucha pelea, pero siento que se quieren entre todos”.

-Zhufen, ahora es tu parte de la historia. ¿Cómo te recibió Argentina?
-Muy bien. La familia de él fue completamente diferente a la mía. Me hicieron sentir muy cómoda, aunque mi español no sea del todo bueno.

-¿Qué fue lo primero que te sorprendió del país?
-Cuando me saludaban acá, me sorprendía. La familia, por ejemplo, el primer día quiso darme un beso y yo corrí la cara, pero sin querer: no sabía como era. Es que acá son más afectivos, más del contacto.
Hernán: Allá es distinto. Darse un beso en la calle es impensado.
Zhufen: Cuando estábamos allá, yo pensaba que él estaba loco, porque hacía cosas que me parecían ridículas. Sin embargo, al venir acá me di cuenta de que todos hacían eso, son costumbres. No sé, fijate cuando gritan los goles en el fútbol.
Hernán: Para mí fue lo mismo allá. Un día me invitaron a un karaoke unos compañeros de la escuela. Y era raro, porque esos tipos, que  durante el día eran tan serios, estaban vestidos con trajes impecables y eran bien rígidos, de pronto se convertían en Freddie Mercury. Son realmente apasionados de eso. Y yo pensaba que estaban locos, pero no.

-Hernán, ¿Ya le hiciste probar un buen asado?
-Esto me da vergüenza: el primer asado se lo hizo mi vieja, porque yo no sé hacerlo.

-¿Te gustó?
Zhufen: Primero no, después sí. No me gustan las cosas como chorizo, chinchulín. Pero el resto sí, principalmente las verduras asadas.
Hernán: Mamá se ríe porque a partir de Zhufen en la parrilla de casa también ves ajíes, berenjenas, cebollas…

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Hernán en la Gran Muralla China y junto a Zhufen en la Ciudad Prohibida, en Beijing; luego con sus alumnos de español (uno de sus rebusques en china) y en un programa televisivo de juegos, con la celeste y blanca.

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Zhufen en las vías del tren, a la entrada del Barrio Chino, en Buenos Aires, parece sentirse como en su país; luego pidiendo un choripán al paso con chimichurri y mirando unos sombreros típicos en un Todo x dos pesos en Belgrano.

-¿Alguno de los dos siente que su adaptación fue más difícil que la del otro?
Hernán: Yo pienso que ella tiene un poco de suerte, porque acá está lleno de chinos. Es más fácil hacer amigos. Allá yo era el único argentino. Los que vienen acá igual lo hacen con otra mentalidad. Claro, vienen para trabajar de lunes a lunes sin parar, llenarse de guita y después volver allá.

-De entre las muchas cosas que habrán aprendido de todo esto, ¿cuál es la más destacable?  
Hernán: El ser más tolerante. Estar con una persona distinta te empuja a no ser tan cerrado culturalmente. Capaz uno lo es porque estuvo toda su vida en la ciudad que nació y pensás que es el modo normal de ver las cosas, pero encontrarte con un mundo tan distinto te educa.

-Y entre tanta mezcla cultural, ¿el amor sufre o disfruta de la diferencia?
Hernán: Nosotros somos muy distintos, y por eso estamos tan bien juntos. A mí me gusta escuchar heavy metal ponele,  y a ella, la música pop china que para mí es horrible. Y ese encuentro es divertido, nos gusta. Son las diferencias las que nos hacen estar juntos, porque yo tengo mucho para enseñarle a ella y ella para enseñarme a mí.
Zhufen: Y creemos que todo amor, más raro o menos raro, se trata de eso, ¿no? De aprender algo del otro.

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Con tinta china: Mi sueño chino, el libro de Hernán, recupera su historia de amor desde el día cero.

 

 

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Perdido y sin dinero en China

Si bien durante mis años viviendo en China viajé por varias ciudades, había un lugar adonde yo vivía, mi casa, mi punto central, la ciudad adonde trabajaba y a partir de la cual me movía y volvía. Esta ciudad se llamaba Changsha, un lugar muy poco conocido por estos lados. De hecho esta ciudad es tan poco conocida por acá que cuando compré mi pasaje en una empresa, la chica que me atendió tuvo que buscar en su computadora para ver si había alguna conexión o algo que me pudiera llevar desde Buenos Aires hasta allá porque en su vida la había escuchado nombrar. Es curioso porque en dicha ciudad estudió la universidad Mao Tse-tung, el padre del comunismo chino y también yo. Obviamente no voy a pretender que sea conocida por mí, aunque muy probablemente luego de esto algunas personas la van a buscar en Google. Las curiosidades de la vida. 

En Changsha las estatuas de Mao pululan

En Changsha las estatuas de Mao pululan

Obviamente en China sí es muy famosa ya que Mao es su prócer más famoso, respetado por el noventa por ciento de los chinos y llevado al nivel de un semidiós (sin exagerar) por las generaciones de antes y los más nacionalistas. Es algo parecido a lo que pasa con Messi, pero eso es otra historia. Sigue leyendo


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Guía para vivir y trabajar en China

Lo que viene lo que viene…guía de precios en China (y algunas cositas más)

Lo que les traigo hoy es una guía para todos los quieran viajar a China o Asia. Esto es recogido 100% de mi experiencia y por supuesto no es perfecto. Aún así espero que le sirva a alguien como puntapié inicial para tener una mayor idea. Cuando yo fui a China conocía el 1% de todo esto pero una de las lecciones que aprendí por allá es que para que un pueblo evolucione uno no debe quedarse con los conocimientos para sí mismo, debe compartirlos, así que acá vamos 
Los precios que escriba van a ser en dólares para usar como moneda neutral, de ahí cada uno compare de acuerdo a su país o si no usen esta página: http://www.xe.com/ucc/

Lo primero es lo primero: si uno viaja a China desde América Latina la opción más barata suele ser haciendo transbordo por Estados Unidos. Sin embargo la visa para los U.S no es tan fácil de obtener y puede llevar un tiempito así que hay que calcular eso. Quizás desde México haya vuelos directos, no lo sé. Las opciones más caras suelen ser un transbordo en Francia, Alemania o Inglaterra aunque la visa es mucho más fácil de obtener. Una opción más barata y con una visa fácil es Canadá, la otra es un país de medio oriente como Catar donde ni siquiera se requiere visa para pisar unas horas.

¿Porqué ir a China?

Muchos me preguntaron acerca de cómo es vivir en Japón o en China. Lo cierto es que si bien los dos países están cerca son muy distintos. Yo no viví en Japón, estuve en China y por lo que escuché de gente que vivió en Japón, a todos los que nunca fueron al continente asiático les recomendaría primero ir a China. ¿Por qué?

No. 1: los asiáticos en sí son muy buena onda con los extranjeros pero al ser China una potencia en desarrollo constantemente está buscando gente extranjera para trabajar. En Japón también se puede trabajar, pero es más fácil encontrar algo en China.
No. 2: Vivir en Japón es caro, vivir en China no tanto y en el interior del país es definitivamente barato por lo cual lo recomendaría más para aquellos viajeros con un presupuesto ajustado.
No. 3: En China se puede ahorrar dinero bastante rápido. Un salario para extranjeros suele variar entre los $1200 dólares y los $2000 dólares, a veces más a veces un poquito menos pero en esa franja. Quizás esto no sea tan alto y quizás en Japón se pueda llegar a ganar más pero atención porque como dije antes la vida es más cara en Japón por lo cual si uno gana $1500 dólares y gasta todos los meses $1000 no hay mucho negocio. En cambio en China se puede vivir muy cómodamente solo con la mitad de eso, me refiero salir seguido a comer afuera, ir a un bar, comprar comida, etc. Ahí es cuando digo que se puede ahorrar más fácil. De última, lo que yo recomendaría para los que quieran ir a Japón es que se pasen un año en China y ya con un poco de experiencia en Asia y con algo de dinero extra vuelen al país del sol naciente ya que la distancia es solo de cuatro horas.
No. 4: Si bien en ambos países se trabaja más que en nuestra cultura latina, en Japón para ganar lo mismo que en China hay que trabajar más horas.

¿Qué hacer en China?

Una de las cosas más difíciles o lo que a uno más lo inquieta es de que trabajar allá. A menos que usted don lector sea un loco como yo y se anime a viajar a una cultura desconocida para conocer a su amor corriendo el riesgo de llegar y que lo pongan en una fábrica a trabajar haciendo muñequitos de McDonald’s, no recomiendo mucho esto. De todas formas, al menos en Argentina uno puede pedir una visa de turista que dura tres meses con lo cual uno puede transitar tranquilamente por allá durante ese tiempo, lo que sucede es que siempre es mejor encontrar un trabajo antes de salir. Para saber como es en cada país simplemente busquen Embajada China en (su país) y ahí les va saltar la data. Sigue leyendo