Hernan por el mundo


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En la Ciudad Perdida de China 2

Y aquí mis queridos amigos, la segunda parte de la Ciudad prohibida. Esta vez son sólo fotos.

Siempre es momento para una buena siesta

Tienda de regalos. Obviamente no podía faltar

Piedras. Seguramente también deben ser milenarias

Una de las situaciones más extrañas, divertidas, bizarras, como uno la quiera llamar. A la salida de la Ciudad Prohibida, donde más gente había saliendo todo el tiempo estaban los policías que supuestamente debían custodiar, aunque se los veía más alegres charlando y al parecer contando chistes con un vendedor de helados ambulante. El helado estaba hecho de semillas, arvejas y porotos 🙂


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En la Ciudad Prohibida de China

Por lo general no me gusta viajar a lugares demasiado turísticos. Soy de los que creen que la verdadera belleza de un país no está en un lugar visitado por millones de turistas cada año con sus cámaras de fotos. Por lo general un lugar en el interior del país, un lugar de esos que no aparecen en los folletos turísticos, suele ser más lindo, más limpio, más tranquilo y con mucha más historia, y encima más barato.


No obstante, no voy a mentir, a mí también me gusta sacarme una foto en esos lugares icónicos para después mostrársela a mis amigos, familiares, y claro, para mostrarlas en mi blog.

Estuve en Beijing, la capital china, muchas veces. La mayor parte de la ciudad la recorrí a pie (al igual que la mayoría de las ciudades que conozco no sólo en China), pero también anduve en colectivo (autobús), taxi, y en cuanto medio de transporte se cruzó por mi camino, incluso en triciclo motorizado.

La Ciudad Prohibida, sin embargo, uno de los lugares más turísticos y famosos de China junto con la Gran Muralla, fue uno de los últimos lugares por los que anduve, y me dejó una mezcla de emociones. Por un lado me gustó mucho, pero no más que otros lugares. Habiendo recorrido China con anterioridad, lo que vi no fue algo diferente en verdad. Edificios similares, incluso más antiguos, están en otras provincias y en otras ciudades esperando sorprender al viajero desprevenido que viene con la intención de salirse del itinerario. Lo que sí no me gustó, y de hecho fue lo que me imaginaba, fue la extrema, entiéndase bien, extrema cantidad de turistas.

Repasando un poco de historia, la Ciudad Prohibida es un complejo de unos 980 edificios. Debe su nombre a que fue concebida  para que sólo la familia imperial y sus trabajadores pudieran entrar. De ahí su nombre, ya que la plebe, el pueblo, la gente común tenía totalmente prohibido cruzar los gigantescos muros. 980 edificios puede parecer demasiado, pero teniendo en cuenta que los reyes por aquella época tenían totalmente permitido (y era aceptado por todos) que tuvieran decenas de amantes, quizás esa cantidad de casas eran apenas suficientes. Y se mantuvo así hasta que el último emperador fue expulsado en el año 1924. Finalmente en el año se abrió al público tal cual como lo es hoy. Comenzó su construcción en el año 1406 y desde entonces sufrió varios incendios, saqueos, tomas, fue ocupado por los franceses y también por Inglaterra, albergó un Starbucks que por presión de la misma gente tuvo que cerrar (creo yo, fue el más exclusivo de China), y a pesar de todo, no pudo resistirse a las tiendas de recuerdos que ante la avalancha de turistas, en medio de edificios imperiales milenarios están ahí para vendernos fotos, muñequitos de emperadores, muñecas de reinas y un sinfín de chucherías no tan baratas.

Y ahora sí, una colección de fotos, que debido a la cantidad van a tener que ser divididas en dos entradas.

 

Cambio de guardia

El mapa completo del predio por si alguien se pierde y hay que buscarlo. Y por si alguien anda en apuros, en las opciones de la izquierda nos indica adonde está el baño


Una tortuga con cabeza de dragón, o un dragón con cuerpo de tortuga, depende como se lo mire.













 

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El camino que no elegí (21!)

Así es, este es el post número veintiuno. Quizás parezca poco, pero en realidad es bastante, y sin lugar a dudas es una barrera superada. Nuevamente veintiuno, esa era la edad que tenía cuando viajé a China en busca de Zhufen. Las expectativas eran enormes, al igual que los nervios y todo lo que genera viajar por primera vez solo alrededor del mundo para aterrizar en un país lejano, en una ciudad desconocida y sin más planes que darle un beso y decirle te amo a quien considero, la mujer de mi vida. Hoy, con veintiséis años, con un montón de cosas que contar, con un libro que acaba de salir y un blog que atrae a personas de muchos países, ustedes, que me dejan mensajes tan buenos, puedo decir que mi vida tomó rumbos inesperados, y nada de todo lo que pasa sería así de no haber escogido un camino, de haber tomado una decisión. Es verdad, siempre quise conocer el mundo, pero jamás imaginé todo lo que iba a suceder en el medio. Por eso, para festejar este gran número, ese que en teoría nos separa de ser chicos a ser adultos, quiero dejarles este poema que me gusta mucho. Es de un poeta estadounidense llamado Robert Frost, y dice así: Sigue leyendo