Historias de amor 3 El gran amor de mi vida

Nos conocimos en el verano del 48. Yo tenía 18 años, él uno más. Vivíamos en la provincia de Corrientes, en Argentina, en un pueblo rural. Estaba la plaza, la iglesia, y a un costado medio alejado el club donde los jóvenes nos juntábamos para hacer sociales. Cada sábado a las 7 de la tarde se organizaba un baile al que la mayoría de nosotros asistíamos. Las mujeres con vestido largo, los hombres de traje y la mayoría con sombrero. Yo estaba sentada en una mesa junto a mi padre (en esa época para salir a esta clase de eventos debíamos hacerlo junto a nuestros padres), y tal como era la costumbre Alberto se acercó y me preguntó a mi si quería salir a bailar y luego le preguntó a mi padre, quien tras mirarlo con un semblante serio me dejó ir. La verdad estaba un poco aburrida, así que le extendí la mano y fuimos a la pista del medio, y nos sumergimos en un baile que duró 60 años.

Las pasamos todas. Nos casamos y nos mudamos a Buenos Aires. No teníamos demasiado pero mi marido consiguió trabajo rápido en una fábrica. Tuvimos un hijo, compramos una casa, chica pero con un jardín hermoso en donde todavía planto flores de colores. Y llegó el segundo, pero a los 3 años por una enfermedad que hoy en día es curable se nos fue. No hay dolor más grande en el mundo que la pérdida de un hijo.

Y llegó la primera de las crisis económicas, esas que parecen cíclicas en Argentina. La fábrica cerró y con los ahorros que teníamos pusimos un kiosco en casa, que luego se transformó en almacén y con los años ya era un mercadito. Y vino el tercer hijo, y el cuarto, y cuando creíamos que la fábrica ya estaba cerrada llegó Cecilia, una niña. La más mimada y también la más malcriada.

Cuando la familia estuvo completa fuimos a la playa por primera vez y conocimos el mar, y nos gustó tanto que repetiríamos el viaje casi cada verano.

Con los años los chicos fueron creciendo y formando sus propias familias. Bueno, el del medio es un solterón, pero si el es feliz para mi es suficiente.

Creo que mi vida junto a Alberto fue un gran baile. Es lo que más amábamos hacer y fue, creo, la única actividad que repetimos durante toda la vida. Bueno, el experto era él, yo lo abrazaba y seguía sus pasos.

El año pasado se enfermó y en poco tiempo Dios lo llamó para reunirse con Julián, nuestro segundo hijo. Me puse muy triste, claro que sí, pero el final fue tan rápido que no sufrió mucho. Era, ante todo, un buen hombre. Lo extraño, pero no tengo apuro en irme. Sé que yo también estoy llegando al final de la montaña, y cuando sea el momento yo también me marcharé. Mientras tanto disfruto mis tardes junto a mis nietos, los que tengo ahora acá a mi lado, los que me ayudan a escribir en la computadora, y recuerdo con mucha felicidad al que fue, y sigue siendo, el amor de mi vida.

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Historias de Amor Verdaderas 2: Amor de Verano

 

Nuestra historia comenzó hace… unos años, no sé si mucho o poco. Creo que eso depende de cada quien. De chico solía ir casi todos los veranos de vacaciones junto a mi familia a Mar del Plata, y siguiendo la tradición el primer año que me fui sólo con mis amigos fui a la misma ciudad. Tenía 18 años y sentía la libertad correr por mis venas. No tenía novia ni estaba atado a nada, igual que el resto de mis amigos, sentía que mis días tenían 25 horas.

En una de las playas que están más al centro había un pequeño parador en el que preparaban jugos exprimidos de diferentes clases de frutas, era un lugar al que íbamos todas las tardes. La verdad, la pasábamos muy bien. El puesto era muy chico, tenía un techo de paja y una barra de madera rústica. Los que atendían, todos también muy jóvenes, lo hacían en ojotas o directamente descalzos, vestían ropa estilo surf, anteojos de sol y camisetas sin mangas. Pasaban música pop del momento y a todos se los veía muy relajados. ¿Trabajar en un lugar así a dos pasos de la arena, con el mar de frente y conociendo gente buena onda cada día? Creo que de haber tenido la oportunidad hubiera dejado todo en Buenos Aires, en la jungla de cemento y me hubiera quedado ahí. Claro está, nunca lo hice, tenía que estudiar y cumplir mis obligaciones. Pero en una de aquellas interminables tardes conocí una chica con la que entablé una buena y extraña amistad. Tenía ella el pelo rubio y largo y la piel tostada por el sol. El destino quiso, si es que tal cosa existe, que se sentara junto a mí a pesar de que ambos estábamos con nuestros amigos. Para ser sincero, no sentí nada especial en ese momento, pero por algún motivo teníamos mucha conexión. Nos quedamos charlando toda la tarde y arreglamos para ir a bailar esa misma noche. La cita se concretó, nos vimos, tomamos algún trago, bailamos algo y charlamos un rato. A pesar de las desenfrenadas noches que yo venía teniendo no pasó nada más que eso, pero por algún motivo no lo necesité y volvimos junto con mis amigos a la casa que estábamos alquilando.

Dos días más tarde volvimos al mismo puesto sobre la playa y al rato llegó Nadia otra vez con sus amigas. Al igual que tantos otros jóvenes ellas también solían frecuentar el lugar, y no era tan grande como para no vernos. Así que nos vimos y seguimos charlando una vez más toda la tarde. Intercambiamos teléfonos, pero esta vez no arreglamos nada. Ellas eran de Mar del Plata, pero nosotros nos volvíamos al otro día.

De regreso en Buenos Aires todavía quedaba un mes para comenzar las clases en la facultad. La verdad es que nunca me había quedado pensando en una chica, pero ella tenía una especie de energía especial, diferente, y por ratos pensaba en ella. Me sentía un tonto.

Una tarde de domingo, de esas que están llenas de melancolía sin razón aparente me decidí a llamarla. Ya habían pasado unos 15 o 20 días de mi regreso y mi valija con la mayoría de la ropa que había llevado seguía ahí tirada en un rincón de mi habitación. Revolví todo buscando el papelito donde había anotado su número de teléfono y obviamente no lo encontré. Sentí una sensación extraña en el pecho pero tampoco me quería obsesionar, así que salí a caminar y a tomar un helado.

Meses más tarde conocí una chica en la facultad. Era muy linda y teníamos mucha química. Pronto comenzamos una relación y aunque nos llevábamos muy bien, con el tiempo la relación se empezó a desgastar y ya para diciembre habíamos terminado en buenos términos.

Fue un año intenso. Dos de los chicos del grupo ya tenían novia y uno estaba trabajando. Llegado el verano, los que aún estábamos libres viajamos a la querida Mar del Plata. A pesar de ser menos, la magia no se había perdido, fue otra temporada inolvidable.

Por fin, una tarde volvimos al mismo parador en la playa al que solíamos ir. Ya en el camino Nadia volvió a mis pensamientos, pero cuando llegamos no estaba ahí. Sentí una pequeña desilusión en el corazón, pero luego pensé que el destino así era, cruzó nuestro camino un año antes, algo que parecía tan lejano ahora, y jamás nos volvería a juntar, como tantas otras historias y personas que pasan por la vida de uno.

El último día antes de regresar de las vacaciones, y como ya era tradición volvimos al mismo parador de siempre. El sol estaba a pleno, me hubiera gustado quedarme unos días más. Y para ponerle un último condimento, a mitad de una ronda de jugos de fruta y mojitos llegó Nadia junto con sus amigas. Hoy lo cuento con gracia, pero reconozco que pocas veces en mi vida me sentí tan nervioso. Ahí venía ella sonriendo como siempre, con su piel tostada y su melena sacudiéndose con la brisa. Por suerte ella me vio y se acercó. Nos quedamos hablando como si nos conociéramos de toda la vida. Me preguntó por qué no la había llamado y cuando le dije la razón me dijo que era un despistado. Tenía razón. Por su parte, ella también había tenido un novio ese año pero ya tampoco estaban juntos. Estuvimos charlando hasta largas horas de la noche y salimos a caminar por la playa. Hacía frio. En Mar del Plata siempre hace frío por la noche. Así que le presté mi buzo y me pase la siguiente semana resfriado, pero valió la pena. El peor momento, como siempre, fue la despedida. Nuevamente me dio su teléfono, lo anoté en un papel, nos dimos un abrazo de amigos y eso fue todo. Ella se fue por un lado y yo por el otro con un vacío profundo en mi pecho.

De regreso a Buenos Aires no podía dejar de pensar en ella. Me asomaba por la ventana de mi edificio pensando si escucharía mi voz. Nunca me había pasado algo así. Estaba enamorado. ¿Cómo sabe alguien que está enamorado? No sé como describirlo, es un sentimiento único. Nunca me había pasado. Busqué en mi valija y sí, esta vez ahí estaba su número. Lo había guardado bien. Pensé en llamarla pero estaba nervioso. Mi mano traspiraba mucho. ¿Qué podía decirle? Me pasé toda la tarde inventado un diálogo en mi cabeza, y como tres horas después me decidí y le mandé un mensaje. Hola, le puse. Así a secas. Sentía palpitaciones. Al minuto respondió y me tranquilicé un poco. ¿Cómo están las cosas por allá? Le pregunté haciéndome el que no tenía nada importante qué decir. Todo bien. ¿Cómo anda la gran ciudad y sus quilombos? Me pone junto con una sonrisita. ¿Te puedo llamar? ¿O estás ocupada? No te quiero molestar, le puse. Es domingo, estoy en mi casa respondió. Dije que antes estaba nervioso, pero ahora lo estaba mucho más. Mil pensamientos se me cruzaron por la cabeza, pero junté coraje y la llamé. Y le dije la verdad, que estaba enamorado y que no podía dejar de pensar en ella. Del otro lado escuché una sonrisa y una voz que me pareció angelical. Me dijo que sentía lo mismo por mi y que en toda la semana no había dejado de pensar en mi un solo día, pero creía que nunca la iba a llamar.

Lo que siguió fue una charla bastante extensa, de esas que nunca se olvidan. Comenzamos una relación a distancia, pero prometimos que el próximo verano nos veríamos. De hecho, meses más tarde para las vacaciones de invierno ella vino a Buenos Aires dos semanas. Despedirse fue horrible, como siempre, pero teníamos la certeza que nos volveríamos a juntar. Y así fue, cinco meses después terminé la facultad y con la llegada del verano me vine una vez más a la playa. Acá me quedé, junto a la mujer que amo, y cada día de mi vida soy muy feliz. Bueno, lo somos, nosotros dos, el primero de los chicos que ya llegó y la segunda que todavía está en la panza. El verano que viene, si Dios quiere ya va estar acá.

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Mi Sueño Chino: Llevate nuestro libro con una postal gratis de regalo

¡Gracias por visitar esta página!

Mi Sueño Chino fue editado con una editorial independiente, y por eso no está en librerías. Para conseguirlo sin intermediarios haz clic en el botón de abajo. Podrás recibirlo por correo en todo el país y de regalo, también recibirás una postal de algún pueblito de China.

¡Finalmente acá está! Esta es la tapa de Mi Sueño Chino (comencé en internet, terminé en China y te cuento todo), mi primer libro.

Con más de cien páginas y lleno de fotos y curiosas anécdotas de cada momento, cuenta la historia real de alguien que un día agarró las valijas y con veintiún años se fue a vivir como un chino más en un barrio de alguna provincia de aquel país en busca de su amor, su alma gemela. Es además una ventana para todos aquellos aventureros que tengan un gran deseo de salir de su rutina diaria y aún no se animan a dar ese paso en busca de un sueño, o al menos, de una vida distinta. Y por sobre todas las cosas, es un reflejo de que todas las metas se pueden alcanzar si el deseo viene desde lo profundo del corazón. El libro no sólo pretende ampliar la visión del mundo y derribar estereotipos, también pretende animar a todos aquellos que lean sus páginas a que, literalmente, se animen a volar. El texto de la contratapa, orgullosamente, ya lo dice. Después de todo, si yo pude, vos también podés.

Mi Sueño Chino ya está en manos de más de 3.000 personas en diferentes partes del mundo. Algunos decidieron viajar para conocer otras latitudes. Otros vieron que era posible, y finalmente se animaron a decirle sí al amor.

 

Recomendado en la revista GENTE:

Agradezco a todos los que escriben. Me gusta leer sus mensajes. Los leo a todos, y créanme, hago lo posible por responder a cada uno. Algunos de ustedes dijeron esto:

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Un Argentino en China

Al principio de los tiempos, fui publicando en este blog mi historia y todas las historias de mi vida en China y mis viajes, mis experiencias, las cosas que vi, las cosas que hice, cómo las hice, los problemas que tuve que enfrentar y cómo los resolví. Siempre lo hice por placer y porque me pareció que era poca la información concreta y verdadera  que había acerca de China en español. Siempre están las fotos de la Muralla China y la Plaza Tian An Men, pero yo me refiero a información acerca de vivir, trabajar, estudiar, problemas con los visados y un sinfín de etcéteras. Cómo les conté al principio (y como también está contado en mi libro Mi Sueño Chino), cuando yo viajé por primera vez a aquellas tierras lejanas era poco y nada lo que sabía acerca de China, siempre me las tuve que rebuscar yo, y de alguna forma (creo que tuve un ángel de la guarda o quizás fue Dios quien me guió), como todo buen argentino atando un cable con otro logré salir indemne de cada situación. Dicen que en Argentina estamos tan golpeados por tantas crisis que al salir al mundo los problemas de los que se quejan en otros países para nosotros no son más que tonterías. Es probable.

Uno de esos problemas, desde el principio y sobre todo estando en China, fue la comida. Yo siempre comí de todo. Nunca tuve problemas con ningún tipo de comida, ni en China ni en Argentina, pero de repente con tan sólo 21 años me encontré viviendo en la otra parte del mundo. Si iba a un restaurante no entendía las letras ni el menú para poder ordenar algo, si quería algún ingrediente específico como puede ser queso, crema, alguna mermelada para el pan, entre muchas otras cosas, no lo podía comprar porque simplemente no había o nadie lo conocía, y si por alguna razón lo encontraba en algún estante de algún supermercado grande salía demasiado caro para mi bolsillo al tratarse de comida extranjera. Incluso las cocinas eran diferentes. La mayoría de las casas no tenían horno y el 90% de las comidas se preparaban mezclando esto y aquello en un wok.

Pero al viajar uno debe adaptarse. Eso es lo bueno de viajar. Y a mí no me quedó otra opción más que adaptarme. Tuve que aprender a cocinar por mi cuenta con lo que encontraba usando los utensilios y las herramientas que tenía a mano.

Y entonces descubrí que cocinar me gustaba más de lo que había creído y comencé a pulir mis habilidades. Luego regresé a la Argentina y aunque estaba en mi país seguí cocinando. Y en mis siguientes viajes a China pude entonces mostrarle a mis amigos de aquellos lados un poco de comida nuestra intentando destruir el mito que circula por tierras asiáticas de que en Argentina se come en un 99% carne asada. La comida no es sólo comer y ya, la comida es cultura.

Carne de pato que al servirla la decoran como si fuera una flor. Cosas que pasan en China.

¿Se imagina alguien que en algún pueblito del corazón de China un hombre con un delantal que decía “Un aplauso para el asador” intentó cocinar un asado argentino? ¿O que dos chicos se pusieron super felices al recibir de regalo la camiseta de Messi uno y la de Boca Juniors otro? Supongo que si un argentino viaja a China, allá tan lejos para desenchufarse un poco de nuestra realidad y se encuentra con un chino vistiendo una camiseta de un equipo de fútbol de acá pensará que se volvió loco, o quizás se cruce por su cabeza la frase ¿cómo llegó esto acá? Bueno, sépanlo, yo fui el culpable. Puede parecer una novela fantástica o un relato de ficción, pero créanme, estas y muchas historias más sucedieron. Lo importante, según yo, es siempre dejar una huella nuestra y de nuestro país en todos los lugares que visitamos. Así al menos lo intento yo.  

 

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Cuentos y Leyendas Chinas

Si hay algo para lo que los chinos son especialistas es para los negocios (bueno, y también para la copia y falsificación de todo tipo de artículos). Al caminar por las calles de cualquier ciudad, incluso de pequeños pueblos, uno puede observar tranquilamente comercios, locales y tiendas de todo tipo y tenor. Aldeas metidas en el medio de las montañas tienen sus pequeños supermercados, restaurantes y tiendas de ropa. Ver a un campesino con el último Iphone no es algo que debería llamar la atención.
En Argentina la mayoría de las tiendas están cerradas un domingo. En China, por el contrario, todo está abierto de lunes a lunes. Ellos tienen su filosofía, y dicen que si el sábado y domingo las personas que trabajan en una oficina descansan entonces también irán a pasear y por ende a gastar. No abrir un local un sábado por la tarde o un domingo sería desperdiciar una buena oportunidad.

Un día estábamos paseando por un parque muy lindo, justo era un día soleado. Estaba lleno de agua, plantas y color verde por todos lados, pequeñas cascadas, pequeñas montañas artificiales, miradores. Una tarde perfecta. Y en el medio del parque, ya se veía de lejos, había un monumento que llamaba mucho la atención. Era como la luz esa con electricidad que le ponen a los mosquitos. Uno se sentía atraído hacia ese lugar e indefectiblemente caminaba hacia ahí.

Cuando por fin llegamos vimos mucha gente sacándose fotos (no podía ser de otra manera). El monumento en cuestión, muy lindo y colorido, era de Los Ocho Inmortales, una leyenda china que más adelante les contaré. Básicamente eran ocho personas, siete hombres y una mujer.

Hasta ahí perfecto, pero faltaba el condimento. Alrededor de las estatuas había varias tiendas de recuerdos vendiendo todo tipo de chucherías y frutas locales (exóticas para mí). También estaba el fotógrafo local esperando al acecho a su próxima víctima, y claro está, qué mejor que un extranjero. El hombre se me acercó con una sonrisa llena de carisma y me dijo unas palabras (debo reconocer que en la distracción no entendí nada), se dirigió a su pequeña tienda y regresando a los segundos comenzó a vestirme con una indumentaria súper llamativa. Capa, sombrero y espada. Era la ropa de uno de los héroes mitológicos que estaban detrás de mí, uno que se llama Cao Guojiu, o así me dijeron. Luego tomó su cámara y comenzó a sacarme fotos desde diferentes ángulos, y al terminar me invitó a su tienda, descargó las fotos en una computadora y me preguntó si quería comprarlas. Podría haber dicho que no, nadie me obligó, pero vamos, no era tan caro y sería un lindo recuerdo de una tarde cualquiera en algún lugar de este hermoso país.

Quizás en Argentina me hubieran preguntado primero si quería vestirme y sacarme unas fotos. En china primero me vistieron y me sacaron las fotos, y luego me preguntaron. Y es que como señalé al principio, en China están hechos para los negocios, y de la forma que sea se las van a ingeniar para ganar algo de dinero.

Lo mejor de todo fue el día. Lo disfruté mucho y caminé por todos lados, aún por aquellos lugares en los que decía prohibido pasar (esa es otra de las ventajas que tiene ser extranjero en un país con otro idioma, uno siempre puede recurrir a la famosa frase “no entiendo”). Claro, aquel fotógrafo también merece su crédito, y es que sin él este hubiera sido tan sólo otro día más en algún lugar de China.



 

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En la Ciudad Prohibida de China 2

Y aquí mis queridos amigos, la segunda parte de la Ciudad Prohibida. Esta vez son sólo fotos.

Siempre es momento para una buena siesta

Tienda de regalos. Obviamente no podía faltar

Piedras. Seguramente también deben ser milenarias

Una de las situaciones más extrañas, divertidas, bizarras, como uno la quiera llamar. A la salida de la Ciudad Prohibida, donde más gente había saliendo todo el tiempo estaban los policías que supuestamente debían custodiar, aunque se los veía más alegres charlando y al parecer contando chistes con un vendedor de helados ambulante. El helado estaba hecho de semillas, arvejas y porotos 🙂


 

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Our wedding photos my dears!

Bueno, pues eso. Para los que no hablan inglés (y no quieren usar el traductor de Google), estas son las fotos de cuando nos casamos. En China las fotos son un negocio ultra lucrativo. Si me preguntan, creo que los celulares con cámara los crearon especialmente para los asiáticos. Si alguna vez se cruzaron con un grupo que japoneses, chinos o de gente de aquellos lugares que vienen de turismo, sabrán a lo que me refiero. Oh! Mira, un tacho de basura. Mira! Una piedra, que es igual a las piedras que hay en China, pero está tirada en suelo argentino! (click, click, click. Ruido de cámaras sacando fotos 🙂 ).

En China no es necesario esperar a un casamiento o una fecha especial para realizar un buen book profesional de fotos, cualquier fecha puede ser la mejor. Y no sólo eso, la forma en que promocionan todo es sencillamente espectacular. Ahora, y durante los próximos cuatro o cinco post les voy a mostrar nuestras fotos, las cuales están divididas en seis estaciones: el jardin, la playa, China clásica, arte, Europa clásica y celebración estilo occidental. Todo eso en sesiones de tres días. Terminamos muy cansados (al menos yo), pero creo que valió la pena. Espero que les gusten. Al final de todo les muestro un poco detrás de las escenas y les cuento también más acerca de la industria fotográfica en China.

Lo último, lo más importante y lo que siempre les digo: si nosotros pudimos, ustedes también pueden. No existen los imposibles, sólo hay que trabajar mucho y meterle muchas ganas. Y para aquellos que aún dudan acerca del verdadero amor, puede que esto suene muy estilo John Lennon, pero yo se los confirmo: este mundo aún tiene amor y es el sentimiento más grande que puede haber. Sólo hay que encontrar a la persona adecuada, y créanme, esa persona existe y está en algún lugar de este mundo.


















 

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En el paraíso chino

China es un país mágico. Hace unos años cuando vine por primera vez a este país una de las primeras cosas que tuve en claro, y que dije, fue que si había un momento en el que había que venir a China era este, y es que si uno quiere ver un país en cambio, en transformación constante, creo yo, en la mayoría de los casos para bien, es este. Y lo seguirá siendo por muchos años más, porque es un país tan grande y con tanta gente que indefectiblemente es un proceso que va a llevar muchos años.

La historia de hoy comienza en una de esas escapadas que uno se pega cuando está aburrido y no sabe que hacer  en el medio de un pueblito chino. En mi caso, ese lugar era el pueblo de he mo chang en la provincia de Yun Nan. Estaba llegando la primavera y se suponía que el clima debía ser agradable, muy agradable según decían. Yo ya había preparado mis anteojos de sol y mi gorro, pero rápidamente tuve que guardar todo ya que el clima, lejos de ser agradable, estaba congelado. Según la gente local, hacía mucho tiempo que no se sentía un clima así de frío. Por mi parte, mientras desechaba la idea de pasearme en camisa de mangas cortas y bermuda pensaba en mi interior la mala suerte que tenía. Lo peor de todo fue que ni siquiera tenía ropa de abrigo, apenas tenía un buzo y mucho menos una campera. A decir verdad, la temperatura rondaba los cinco grados, pero al estar en una zona montañosa parecía estar bajo cero.

Esa misma mañana Zhufen recibió una llamada por teléfono, bueno, por QQ, de unas amigas de la escuela secundaria que habiéndose enterado que estaba por sus pagos querían ir a visitarla, así que hicieron una cita para encontrarse varias horas más tarde. En el mientras tanto aprovechamos para salir a recorrer un poco el pueblo, que como usted sabe mi querido lector es eso lo que a mí me encanta (definitivamente no nací para quedarme dentro de un hotel), y de paso compré una campera porque ya el frío se había tornado insoportable, al menos para mí.

A la hora del almuerzo, es decir a las once de la mañana, nos encontramos con estas personas, que eran dos chicas con sus respectivos maridos e hijos (malcriados como el 90% de los chicos chinos), y tras comer bastante y brindar veinte veces con ese horrible vino de arroz de 52% de graduación alcohólica nos invitaron a ir a pasear a otra ciudad. No voy a mentir, la verdad es que estaba bastante aburrido, pero de todas formas no tenía escapatoria así que acepté la invitación. Bueno, aceptaron por mí. Sé que no tiene nada que ver con esto, pero algo que nunca deja de sorprenderme es como los chinos parecieran están formados para los negocios. Recuerdo, por ejemplo, que aquella tarde mientras caminábamos sin rumbo bajo el sol todos intentaban hablar conmigo, quizás por curiosidad o quizás para no ser descorteces. Cosas de rutina, ¿de dónde sos? ¿cuánto tiempo vas a estar acá?, ¿te gusta China? Y tras varios minutos uno de los hombres que parecía pensativo me mira y me dice: “¿sabes qué?, tendríamos que vender camisetas de fútbol de Argentina acá, Messi es muy popular, sería buen negocio”. Seguramente fue un comentario más, pero no deja de ser interesante pues esos pequeños detalles, esos pequeños diálogos si uno sabe prestar atención, son un reflejo bastante aproximado de la sociedad y del país. Acá en Argentina, cuando uno conoce a una persona la invita a salir, a conocer la ciudad, a mirar una película o a comer algo quizás, o quizás simplemente hablan de la vida, pero creo que lo último que haría para romper el hielo sería proponerle un negocio a una persona a la que acaba de conocer.

Fue así que salimos de la ciudad y nos metimos en la ruta. En el camino nos topamos con algunos vendedores de frutas y nos detuvimos a estirar los pies en un gigantesco campo de flores amarillas.

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Habíamos recorrido alrededor de una hora y el clima ya empezaba a cambiar, al menos había salido el sol. Justo en ese lugar había una montaña con un gigantesco buda dorado en la cima el cual me moría por subir a ver. De hecho nos habíamos bajado para eso, pero al preguntar quien quería subir todos dijeron que no y yo simplemente dije “¿entonces para qué demonios nos hicieron bajar?” (en realidad utilicé otras palabras, usted use la imaginación, y es que en ese lugar y en esa situación el español es un idioma extraño que nadie comprende jaja). Sólo me contenté con mirar hacia arriba y observar a la distancia un pequeño punto dorado y brillante al que ni siquiera me molesté en sacarle una foto.

Y así, en medio de anécdotas escolares que nada tenían que ver conmigo con canciones de guardería de fondo al estilo Barney el dinosaurio pero en chino, en medio de la ruta, de árboles y de campo, casi como por arte de magia apareció otra pequeña ciudad. Al principio no parecía ser nada del otro mundo más allá de estar lleno de máquinas y edificios de cuarenta pisos que ya comenzaban a levantarse, cosa que a esa altura ya no me llamaba la atención para nada. Pero tras recorrer unas cuadras llegamos a lo que era literalmente una playa artificial armada en el medio de la nada, y aún más, había toda una ciudad alrededor. Salvando la distancia y el tamaño, uno  se sentía como esas películas paseando en auto por calles con palmeras en Beverly Hills, y es que hasta algunos carteles estaban además de chino en inglés.

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Acá el clima ya era definitivamente otro, cálido a caluroso, pero no sofocante. Había un poco de viento aún y quizás por esa razón la mayoría de las personas andaban de mangas largas. La gente que iba y venía parecía disfrutar de una vida mucho más tranquila y relajada, ¿y quién no lo haría en un lugar así?

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Estos son los lugares que vale la pena conocer, lejos de los circuitos turísticos y donde se puede apreciar de forma total y absoluta la vida local. Y es acá donde se logra apreciar el momento por el que está pasando China. Si se dejan de lado ideologías estúpidas, de izquierda o de derecha y en vez de eso el Estado se enfoca en crecer, el progreso es inevitable.

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18Para aquellos que tenían la duda, sí, en China los chicos en la playa también juegan con moldes de animales. Ahora ya pueden dormir tranquilos.

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12En Argentina cuando uno va a la playa hay vendedores que pasan vendiendo helado, choclo, jugo de frutas…en China en cambio, pasan vendiendo zanahoria blanca mezclada con ají picante, y a los chicos les encanta. ja ja

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8¿Quién dijo que todos los lugares de China están repletos de gente?

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Y bueno, después de una tarde fabulosa volvimos a la ciudad del principio para despedirnos cenando y brindando con vino de arroz, ¿qué otra cosa podía ser?

 

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En el campo chino

La última vez que vine a China fue por una razón totalmente diferente a la de ahora, y la experiencia sin lugar a dudas fue también muy diferente. Fue conocer otra cara de este enorme país, desde otra perspectiva. Es que los tres años anteriores me los pasé, por sobre todas las cosas, trabajando, y sobre todo en el ambiente en el que trabajaba, me hizo ver otra realidad, o quizás otra imagen de la misma moneda que a veces parece tan alejada que hasta por momentos me pregunto si realmente estuve en el mismo país.

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Básicamente antes estaba en la ciudad y ahora estoy en el campo, y antes vivía solo y ahora estoy en una casa de familia. La ciudad en la que vivía, Changsha, era una ciudad de las consideradas de nivel medio y debido a eso se veía un crecimiento casi frenético que por ejemplo no se veía en Beijing la cual es considerada una ciudad grande, y si bien crece como toda China ya no lo hace de forma tan acelerada. La realidad también era otra debido que al trabajar como profesor de idiomas me movía en un ambiente en el que casi todas las personas hablaban inglés, lo suficiente al menos para defenderse, y acá la verdad es que casi nadie habla ese idioma más allá de un hello o un thank you. Eso sí, al decir que vengo de Argentina me siguen respondiendo con “el fútbol en tu país es muy bueno” y “ohhh…Messi hen hao (Messi muy bueno)”.

Shilin, el lugar adonde estoy ahora, es un pequeño pueblo en la ciudad de Kunming, en la provincia de Yun Nan. En realidad el pueblo está a unos quince o veinte minutos de auto, yo estoy realmente en el campo, y digo de auto ya que ni siquiera hay colectivos que me acerquen ahí. Es increíble entonces pasar de una ciudad de rascacielos que día y noche no para de crecer repleta de pantallas led y colectivos estilo inglés de dos pisos a una ciudad en la que las casas aún siguen teniendo sus propias vacas y gallinas, y que ambos lugares estén separados tan sólo por una hora de viaje.

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Sin embargo, hay cosas que unen a las dos ciudades y a toda China, y es que cada una a su ritmo no para de crecer. Hace cuatro años cuando estuve acá todo lo que se veía eran cultivos y esa China idílica que uno imagina llena de campos de arroz e interminables plantaciones de todo tipo con las típicas casas de techos puntiagudos. Hoy de eso ya sólo debe quedar un cuarto, y es justo donde estoy yo, y estoy seguro que en unos años incluso va a ser menos de eso. Por supuesto que acá no se ven grandes edificios y no hay un subterráneo (metro) super moderno de treinta estaciones, aún, pero ya aparecen estas señoras casas y seguramente en unos años lo otro llegará.

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En la foto no se aprecia tanto, pero en la realidad es todo un barrio de casas tremendas.

La otra cosa que ambos lugares comparten es un optimismo en general de la gente y una enorme fe en el futuro, y es acá donde se ve la diferencia con nosotros. Es que en China es el gobierno el que toma las tierras y sin pedir permiso empieza a construir, algo que para nosotros sería visto como un atropello a los derechos humanos e individuales. Sin embargo, aunque la gente mayor no está del todo a favor la gente más joven está muy de acuerdo, en general, ya que ven en eso el progreso de su nación. Es entonces cuando reafirmo mi teoría de que no podemos juzgar todo con nuestra visión occidental, latinoamericana y argentina en mi caso, ya que muchas cosas que nosotros damos por sentado en esta parte del mundo no es así, y viceversa, y no significa que nosotros estemos bien y ellos mal, es simplemente diferente y hay que respetarlo.

La realidad es que China sigue estando en el foco de la tormenta, en el buen sentido, y si hay un momento para conocer este país creo que es este. Mientras tanto, vale la pena seguir disfrutando de esa parte tradicional que uno jamás verá en la mayoría de los paquetes turísticos.

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No soy fanático de los video juegos, pero cuando vengo por estos lugares no puedo evitar sentirme dentro del juego Zelda: Ocarine of Time

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Después de un arduo trabajo, nada mejor que disfrutar de un buen bowl de fideos bajo el sol.

 

 

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Como obtener la visa china

Bueno, por fin estoy más o menos acomodado, y después de lidiar con el tema de las conexiones a internet por fin puedo volver a escribir. Como ya sabrán ustedes señores lectores de aquel mundo lejano llamado Latino América, y de aquel país tan lejano como la Comarca de los Hobbits llamado Argentina (desde esta parte del planeta son puntos lejanos), al llegar a China, si uno quiere seguir viendo sus videos en Youtube, si quiere seguir buscando información en aquel gran sabio que parece tener todas las respuestas (incluso la clave de la caja fuerte que no sabía el jefe de los mini super) llamado Google o si tenía planeado mostrarle a sus amigos las fotos de los templos milenarios del gigante asiático en Facebook, hay que recordar que se necesita un VPN. Si es la primera vez que entran en este blog hagan clic acá para enterarse de este tema, el cual ya fue explicado. Ahora, yo, habiendo vivido, estudiado y trabajado acá por tres años y que se me pase esto…si ya sé, no tengo perdón. En realidad no se me pasó, pero debería haber contratado el servicio en Argentina y no haber esperado a llegar acá para hacerlo. Por otra parte, se me hizo difícil encontrar una conexión a internet por que esta vez no estoy en la ciudad, y es un mundo aparte. Sea como sea, quiero empezar hoy con algo que debería haber hecho hace mucho tiempo y es explicar en detalle todo acerca del visado chino, el cual, si bien es relativamente fácil de sacar, es requisito necesario para poder entrar. No quisiera tener que viajar treinta y pico de horas para que al tocar el aeropuerto me hagan pegar la vuelta. Por suerte para Hong Kong los argentinos no necesitamos visa, aunque por supuesto si alguien tiene pensado viajar a la isla averigüe bien, no vaya a ser cosa que justo esta semana hayan cambiado las cosas.

En fin, comencemos.

Lo primero es lo primero, y lo primero son los requisitos , los tiempos y las direcciones. En Buenos Aires la Embajada de China (el lugar donde se tramita todo) está en el barrio de Villa Urquiza, en Crisólogo Larralde y Triunvirato, y para llegar la mejor manera (al menos eso me parece) es tomando el subte de la línea B y bajarse en la estación Juan Manuel de Rosas. De ahí hay que caminar unas diez o doce cuadras por Triunvirato y van a ver el edificio justo en la esquina, el cual si bien no tiene ningún cartel grande que diga Embajada de China, salta a la vista que es algo chino por la forma y por que entran y salen chinos todo el tiempo. Los horarios son de lunes a jueves de 09:00 a 12:30 hs. y el teléfono ni lo dejo por que si en una de esas atienden no suelen dar información por esa vía.

Si bien los requisitos no son muy complicados, siempre conviene ir al menos una vez para averiguar bien y no planear que todo se va a terminar si o si esa mañana. Puede que si como puede que no. Esto lo pueden encontrar en la página de la Embajada, pero básicamente lo que se necesita es:

1) Pasaporte vigente con una duración mínima de seis meses (o sea, que le queden al menos seis meses antes de que se venza) y el mismo debe tener al menos dos páginas en blanco.
2) Fotocopia de la parte de los datos del pasaporte (donde está la foto, el nombre, el número de pasaporte, etc.).
3) El formulario de solicitud de visado el cual lo piden ahí mismo apenas en la entrada.
4) Una foto carnet (reciente y sin gorro) de 48×33 mm
5) Una copia de la reserva del pasaje y del hotel al que van a ir. Esto último parece complicado pero no lo es tanto, más abajo se los detallo. En mi caso yo lo hice todo en una misma mañana, es que la Embajada me quedaba muy lejos y en lo posible no quería hacer dos viajes, y además por que aunque una sola vez había tramitado la visa en Buenos Aires, debo tener al menos siete visas que me las dieron estando en China por estudio, trabajo y turismo (hasta tengo dos visas cuya duración es de una semana), y creí que no iba a tener problema, cosa que por suerte fue así.

Si es la primera vez que viajan, como dije arriba, yo lo que recomiendo es ir una vez a la Embajada para echar una mirada o al menos imprimir el formulario a llenar para que lo vean bien. Lo pueden ver en este link.: Formulario Visa China

La primera vez que viajé a China lo hice por Air Canada y la vuelta por Qatar Airways. En mi opinión ambas son muy buenas, aunque los árabes son los árabes y sus aviones son excelentes, pero como no habían pasajes por esa aerolínea para la fecha que yo buscaba me incliné nuevamente por la canadiense. Busquen bien y no se queden con la primera respuesta. Pregunté en una empresa y me dijeron $25.000 pesos ida y vuelta por persona. Fui a otra y me dijeron $20.000, lo cual con un dólar a catorce pesos ya era barato teniendo en cuenta que es un viaje alrededor del mundo. Sin embargo seguí y me dijeron $18.000. Hice la reserva y cuando fui a pagar una semana más tarde me dijeron que había bajado a $17.000, cosa rara en la Argentina, pero para mí fue buenísimo. Al final me terminé ahorrando más de diez mil pesos en los dos pasajes (para mí y para Zhufen), cosa que no es poco. Una vez más, no se queden con lo primero que escuchen. Si necesitan una data más, las oficinas de Air Canadá están en Córdoba y la peatonal Florida (sobre Córdoba), en pleno microcentro porteño.

Ahora prestad atención aquí mis chicuelos que esto es muy importante. En el formulario para pedir la visa China nos pide que llevemos una copia de la reserva la cual no es ni más ni menos que la ruta de vuelo detallada con horarios y días de partida y llegada y regreso (no se puede sacar pasaje sólo de ida) y los países por los que uno hace escala. Esto lo tienen que pedir en la agencia de turismo. Hay algunos que no lo quieren dar por que la reserva en sí dura veinticuatro horas y luego carece de validez, lo cual en rigor de verdad es cierto, pero eso no importa, lo pueden presentar igual, y si aún así no les quieren dar nada abandonen el lugar. Nunca, repito, nunca compren un pasaje sin antes haber obtenido la visa ya que, si bien no es frecuente, si les llegan a rechazar el visado el pasaje se lo van a meter adonde ya saben y ninguna empresa les va a devolver nada de dinero.

Ya una vez con esto volvemos a la Embajada. Si bien el trámite lo puede hacer un tercero yo recomiendo que vaya uno mismo por las dudas. Nadie conoce mejor nuestros datos que nosotros mismos. Una vez adentro sacamos número, tomamos el bendito formulario y lo empezamos a llenar. Por suerte la mayoría de los empleados son argentinos así que no hay problema de idioma.

Los primeros datos son fáciles. Nombre, apellido, etc.. (la foto la pegan ellos).

 

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La segunda parte son los datos del viaje. En mi caso, si bien venía para visitar a la familia de Zhufen, puse turismo para no complicarla, y en cuanto a las entradas puse una por que ese era mi plan, pero si planean un viaje un poco más extenso o ir a algún país de la zona y volver a entrar a China les conviene poner dos o más entradas. La visa de turismo de todas formas es por tres meses. Luego si uno está apurado puede pedir el servicio urgente con el cual le dan la visa de un día para el otro, y si no hay apuro elige el servicio normal que demora cuatro días hábiles y cuesta más barato. Depende de uno.

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Y acá la parte que asusta a algunos: itinerario de China. Yo les voy a contar lo que hice yo y lo que en realidad deberían hacer ustedes. En ambas ocasiones, esta y la vez anterior que vine a China, yo no iba a ningún hotel ni nada parecido, y tenía quizás el diez o el cinco por ciento de la información que hoy puedo escribir acá. Lo que yo hice en ambas ocasiones fue dejar como ahí dice la dirección del lugar en el cual iba a parar. La primera vez me esperaba Zhufen así que dejé la dirección en donde ella vivía (número de departamento, piso, barrio, ciudad, todo), y la segunda vez, ahora, hice lo mismo pero con la dirección del hermano de ella. Escuché y leí por ahí que “no les gusta que dejes la dirección de una persona en vez de la de un hotel, hostel o algún lugar que demuestre que vas por turismo”. En mi caso, hice lo contrario y como acabo de mencionar no pasó nada, es que realmente yo no iba a ningún hotel. Ahora, aún si a vos que estás leyendo por alguna razón te invita alguien a su casa de todas formas no me animo a recomendarlo, a mi me salió bien y puede que a otras personas les salga mal. En todo caso que cada uno haga como quiera ya que no quisiera ser yo responsable de un rechazo. Lo más recomendable y seguro en realidad es hacer una reserva en algún hotel a través de internet, imprimirla y mostrarla junto al formulario. Una vez obtenida la visa uno tranquilamente puede cancelar la reserva del hotel y no pasa nada. Generalmente los hoteles no cobran por cancelación pero averiguen bien primero, y si no pueden hacer la reserva a través de Booking.com directamente. Recuerden que tanto esto como lo del itinerario de viaje es una mera formalidad ya que una vez obtenida la visa nadie va a preguntar nada ni en Argentina ni en China.

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El resto son preguntas de rigor. Por suerte, gracias a que mi amigo chino me salvo de una ilegalidad en un pueblito de su país la última vez que lo visité no tuve que pasar una noche tras las rejas (o quien sabe cuanto) y pude responder a todas las preguntas que no, pero eso es otra historia.

Listo. Uno entrega todos los papeles en la ventanilla y le dan un comprobante con la fecha para venir a retirar y otro para que haga el depósito del costo de la visa en un banco ICBC que está justo enfrente de la estación del subte. Esto no lo voy a explicar por que llevaría más líneas que lo que realmente es el trámite. Sólo siga a la multitud que ellos lo van a guiar, y si no sabe como hacer el depósito estire el cuello y espíe al que tiene delante en la fila.

Eso es todo. Guarde los comprobantes y vuelva a la Embajada el día señalado. Si usted no planea viajar a China para realizar un atentado, vender droga o hablar mal de Mao en público, lo cual podría ser peor que las otras dos juntas, seguramente no va a tener problemas y su visa va a ser entregada en tiempo y forma.

Es muy probable que Google sepa la combinación

 

 

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