Hernan por el mundo


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En la revista GENTE: Un cuento de amor chino

Ahora sí mis queridos lectores, seguidores, amigos, acá está la nota que nos hicieron para la revista GENTE. Seguramente este va a ser el último post del año y creo que, justamente con este post, es la mejor manera de hacerlo. Feliz año a todos, sean del país que sean, no dejen de soñar, no dejen de ponerse metas y no dejen de tener objetivos. Desde el sur del mundo Zhufen y yo les mandamos los mejores deseos para que el 2014 esté lleno de éxitos.

Aclaración: abajo va la nota completa. Hay detalles que nunca compartí en este blog y no me dejan realmente orgulloso. Así es señores, me pasé varios años cocinando comida china y no sé cocinar asado, así que ya tengo una meta meta para el año que viene. Con respecto a las fotos, es verdad, no salí del todo bien y al parecer de las doscientas fotos que sacaron eligieron las no mejores. En fin, todo se compensa con la buena onda del periodista y el fotógrafo y en definitiva, hay muchísimas otras fotos en este blog sacadas desde mi ángulo más fotogénico  : D

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Amor chino. Hernán y Zhufen se conocieron por internet. Crónica de un amor que se convirtió en libro. Mi sueño chino

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UN CUENTO (DE AMOR) CHINO: “cruzamos el mundo para encontrarnos”.

Hernán y Zhufen se conocieron por Internet en  2006. Luego de enamorarse, él compró un pasaje al país asiático y fue a conocerla. Vivieron allá tres años. Hoy lo hacen en un departamento de Buenos Aires. Del primer chat al sueño de matrimonio, crónica de un amor sin fronteras que hasta acaba de convertirse en libro.

Palitos y tenedores (abajo a la derecha): Hernán y Zhufen viven en Buenos Aires desde 2012. Aunque suene extraño, pocas veces visitaron el Barrio Chino. Sin embargo, aceptaron ir a almorzar ahí para la nota con GENTE.

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El cuento empieza en Berazategui. Hernán Acevedo, 19, no imagina que en pocos minutos después de que entre por primera vez a un chat, su vida va a cambiar para siempre. Es el año 2006 y Hernán poco sabe sobre China, apenas que si hace un pozo en la tierra y atraviesa todo el planeta, ese pozo sale al exacto otro lado del mundo, en las pampas de la dinastía Ming. Justamente en esos lares, exactamente en la provincia de Yunnan, vive Zhufen, quien tampoco se imagina la trascendencia que ese chat va a tener en su vida. Ni que va a terminar en un libro. Lo cierto es que ese chat, como todos los chat del planeta, comienza son alguna conversación banal sobre cualquier tema. Ni él ni ella dominan muy bien el inglés, pero lo intentan. Algo, una química, una magia de la distancia…algo los hace interesarse más de lo pensado. Y así, sin darse cuenta, Hernán empieza a tener un sueño.

Pasan dos años y Hernán y Zhufen están enamorados, pero todavía no se conocen. Hablan por teléfono eventualmente (él consigue una de esas tarjetas de llamadas internacionales), y hasta se dicen que se extrañan, entelequia abusrda en la que ni reparan, porque en sus cabezas -y en los embelecos de su cabeza- realmente sienten que se extrañan. Hernán, durante esos dos años, sólo se dedica a trabajar y ahorrar. Y finalmente, cuando se da cuenta de su sueño, se compra un pasaje para China y vuela a encontrarse con Zhufen. “Tuve que viajar a Canadá y hacer escala en Toronto, de ahí a Vancouver, de ahí a Hong Kong y un avión más a Changsha. Zhufen me fue a esperar al aeropuerto. Me tuvo que reconocer ella a mí, porque era más fácil. En ese último avión éramos sólo dos extranjeros, yo y un chileno con el que me hice amigo. Me acuerdo que él salió antes que yo de Migraciones. Ella lo vio y se asustó, hasta que me vio a mi y me reconoció. Había pensando que capaz la había engañado y era distinto. Ja. De ahí fuimos en taxi  a su casa. Ahí en el auto, fue el primer momento medio romántico: nos tomamos de las manos, nada más que eso, pero era mucho. En cierta manera los dos cruzamos el mundo para encontrarnos. Primero por la red, luego en persona. Y allí estábamos. Cuando entramos  al departamento, fue la típica situación de película:  dejamos la valijas en el suelo y nos dimos el primer beso”.

Durante los próximos tres años viven juntos en China. Él se pone a estudiar el idioma y a dar clases de español. Con el tiempo consigue un contrato de trabajo que le extiende la visa y logra tener su propio negocio: primero, un local de libros, después uno de gorros. La prueba de fuego fue, sin embargo, cuando tuvo que conocer a sus suegros. “Hacía tres meses que había llegado y yo tenía que ir a Hong Kong para renovar la visa. Entonces, aprovechamos que la casa de sus padres quedaba para ese lado y fuimos a visitarlos. Nos compramos un pasaje de tren y viajamos 25 horas…Por lo menos estábamos en un vagón con camas…Porque en China hay clases en las que viajás  parado las 25 horas, eh…Y bueno, aprovechamos y fuimos a conocerlos. Llegamos a la estación y nos pasó a buscar uno de sus hermanos. Re buena onda; además era el único que hablaba inglés. Llegamos a la casa y nos presentamos. Yo estaba con la camiseta de Argentina. Y empecé ‘Ni hao, Ni hao’ (hola, hola). Llegó el padre. El tipo no sabía de mi existencia: creía que era un amigo. Uf…fue duro. Se veía que no quería saber nada”. Zhufen se suma a la charla y en trabajoso español agrega: ” Es así. Me agarró a mí y me dijo: ‘¿Es tu amigo o tu novio?’ ‘Mi novio’ le contesté. Se quedó callado; no le gustó. La diferencia de edad tampoco le agradaba. De hecho, a mí misma, al principio tampoco. Yo dudaba mucho, porque nos llevamos seis años y me parece mucho. (hoy ella suma 32 y él, 26). En China está mal visto que la chica sea más grande.” 

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China, by Hernán: “Una de las principales diferencias que encontré con nuestro país fue durante un viaje en colectivo. Estábamos yendo a casa de unos amigos y me di cuenta de que nadie controlaba los boletos. Como buen argento, le dije a Zhufen que no pagáramos. ¡Para que…! Me contestó que el transporte funciona gracias al aporte de todos, y que si nadie paga no se puede mantener la calidad del servicio. Claro, eso es lo lógico, pero yo nunca me había parado ni a pensarlo. A partir de ahí nunca más me colé, ni allá ni acá”.

La cosa, aunque difícil, prosperó. Después llegó la hora de la cena y el choque cultural volvió  a sentarse entre ellos, aunque esta vez Hernán lo recuerda con humor. “Me senté a la mesa y estaba el típico banquete chino, porque ellos cuando reciben agasajan, no importa a quien. Había mil cosas para comer, pero estaba hacía poco en el país y bastante nervioso. Para no meter la pata, me serví un poco de arroz blanco y nada más, no fuera cosa que algo no me gustara…Me miraron todos, hasta que alguien me explicó, casi como un reclamo, que el arroz era el acompañamiento, que era como comer sólo el pan, que la comida eran los otros platos, y que no comer nada era casi como un insulto…Me quería matar. Y bue, me serví un poco de todo, obvio”. 

Hoy, después de tres años de vivir el sueño chino, Hernán y Zhufen vinieron a la Argentina a seguir probando suerte. “En realidad, volví para ver a mis viejos, que ya me reclamaban. La verdad es que allá estábamos bien. Pensá que, de la nada, en tres años pude ser alumno y profesor, y terminé teniendo dos locales propios, el de gorros y el de libros. O sea, realmente se puede crecer…Pero bueno, también tenía que ver a mi familia. Así que ahora estamos probando acá y después veremos que hacemos”, vaticina él.

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Argentina, by Zhufen: “Acá, la mayor diferencia es la gente. En China son muy alegres, pero nadie interrumpe la vida del otro, no hay contacto entre desconocidos. En la Argentina, en cambio, es como si todos fueran amigos. Por ahí llegás a un lugar y todos te saludan con un beso: eso allá no pasa ni entre amigos. Al principio costaba, pero ahora ya me divierte la manera de ser de los argentinos. Puede haber mucha pelea, pero siento que se quieren entre todos”.

-Zhufen, ahora es tu parte de la historia. ¿Cómo te recibió Argentina?
-Muy bien. La familia de él fue completamente diferente a la mía. Me hicieron sentir muy cómoda, aunque mi español no sea del todo bueno.

-¿Qué fue lo primero que te sorprendió del país?
-Cuando me saludaban acá, me sorprendía. La familia, por ejemplo, el primer día quiso darme un beso y yo corrí la cara, pero sin querer: no sabía como era. Es que acá son más afectivos, más del contacto.
Hernán: allá es distinto. Darse un beso en la calle es impensado.
Zhufen: Cuando estábamos allá, yo pensaba que él estaba loco, porque hacía cosas que me parecían ridículas. Sin embargo, al venir acá me di cuenta de que todos hacían eso, son costumbres. No sé, fijate cuando gritan los goles en el fútbol.
Hernán: Para mí fue lo mismo allá. Un día me invitaron a un karaoke unos compañeros de la escuela. Y era raro, porque esos tipos, que  durante el día eran tan serios, estaban vestidos con trajes impecables y eran bien rígidos, de pronto se convertían en Freddie Mercury. Son realmente apasionados de eso. Y yo pensaba que estaban locos, pero no.

-Hernán, ¿Ya le hiciste probar un buen asado?
-Esto me da vergüenza: el primer asado se lo hizo mi vieja, porque yo no sé hacerlo, y mi viejo tampoco.

-¿Te gustó?
Zhufen: Primero no, después sí. No me gustan las cosas como chorizo, chinchulín. Pero el resto sí, principalmente las verduras asadas.
Hernán: Mamá se ríe porque a partir de Zhufen en la parrilla de casa también ves ajíes, berenjenas, cebollas…

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Hernán en la Gran Muralla China y junto a Zhufen en la Ciudad Prohibida, en Beijing; luego con sus alumnos de español (uno de sus rebusques en china) y en un programa televisivo de juegos, con la celeste y blanca.

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Zhufen en las vías del tren, a la entrada del Barrio Chino, en Buenos Aires, parece sentirse como en su país; luego pidiendo un choripán al paso con chimichurri y mirando unos sombreros típicos en un Todo x dos pesos en Belgrano.

-¿Alguno de los dos siente que su adaptación fue más difícil que la del otro?
Hernán: Yo pienso que ella tiene un poco de suerte, porque acá está lleno de chinos. Es más fácil hacer amigos. Allá yo era el único argentino. Los que vienen acá igual lo hacen con otra mentalidad. Claro, vienen para trabajar de lunes a lunes sin parar, llenarse de guita y después volver allá.

-De entre las muchas cosas que habrán aprendido de todo esto, ¿cuál es la más destacable?  
Hernán: El ser más tolerante. Estar con una persona distinta te empuja a no ser tan cerrado culturalmente. Capaz uno lo es porque estuvo toda su vida en la ciudad que nació y pensás que es el modo normal de ver las cosas, pero encontrarte con un mundo tan distinto te educa.

-Y entre tanta mezcla cultural, ¿el amor sufre o disfruta de la diferencia?
Hernán: Nosotros somos muy distintos, y por eso estamos tan bien juntos. A mí me gusta escuchar heavy metal ponele,  y a ella, la música pop china que para mí es horrible. Y ese encuentro es divertido, nos gusta. Son las diferencias las que nos hacen estar juntos, porque yo tengo mucho para enseñarle a ella y ella para enseñarme a mí.
Zhufen: Y creemos que todo amor, más raro o menos raro, se trata de eso, ¿no? De aprender algo del otro.

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Con tinta china: Mi sueño chino, el libro de Hernán, recupera su historia de amor desde el día cero.

Lo publicó Ediciones del Dragón y puede comprarse ya en todas las librerías nacionales. Además, puede visitarse su blog de viajes, hernanporelmundo.com
Zhufen, por su parte, también tiene la intención de volver a su país y contar su parte de la historia en un libro e idioma propios.

En China el café, como el que está al lado de la ventana, se toma bien frío, si es posible con mucho hielo, y cuando uno compra una Sprite, una Coca o alguna otra gaseosa en el supermercado esta viene atada con un jugo de frutas como señuelo. De a poco van entrando.


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La odisea de la crema

Por más comunismo que es más capitalismo, apertura al mundo, ascenso en el escenario mundial y todas esas cosas, China es China, y en muchos aspectos lo va a seguir siendo.

Uno al viajar al gigante asiático tiene que saber esto de antemano: está viajando a un lugar muy lejano, y muy lejano significa distinto. Yo no lo sabía. Mejor dicho, lo sabía pero nunca tomé conciencia, y supongo que así fue mejor porque de esa forma todo fue una sorpresa y en las buenas y en las malas, lo disfruté mucho. No obstante, al haber vivido en el país, al haberme metido, al conocer gente, hablar, investigar, hacer una y mil cosas finalmente llegué a la conclusión de que la sociedad argentina y la china no son tan distintas como un puede llegar a pensar, de hecho tienen mucho en común solo que al estar tan alejado un país del otro es poco el contacto que realmente llegan a tener. Pero bueno, de esto hablaremos en un futuro.

Hay ciertos productos alimenticios que son lo más común acá y por allá prácticamente no existen, o directamente no existen. Uno al principio no lo nota. Si va al restaurante pide un bife o un plato de fideos con salsa y no se da cuenta de que esas cosas están ahí por ser un restaurante, pero puertas afuera son casi imposible de encontrar.

Cuando uno comienza  a salir al supermercado o a las tiendas para hacer las compras es cuando esa falta de cosas, que al principio parecen ser nada pero, según la persona se pueden llegar a transformar en una pesadilla, se comienza a notar.

No soy una persona que pueda aceptar un no como respuesta y creo que lo siguiente es una clara prueba de que la insistencia siempre otorga buenos resultados. Zhufen y yo somos golosos de estómago y también de vista. Durante un tiempo evaluamos seriamente abrir nuestra propia tienda de panes y tortas, llegamos incluso a averiguar acerca de hornos de gran tamaño para desarrollar la tarea, pero faltaba un detalle casi esencial para las tortas: crema. Nunca lo había notado hasta ese entonces, pero la crema como la conocemos nosotros es casi inexistente en China. En realidad, cuando uno va a comprar una torta la misma está cubierta de crema igual que acá, pero conseguir el preciado material por separado es prácticamente imposible, ni que hablar si uno se encuentra en una ciudad del interior.

El problema con muchos productos es que son intraducibles porque la mayoría de la gente ni siquiera los probó en su vida. Esto es, por más que uno diga quiero manteca por ejemplo, si la persona nunca escuchó hablar de manteca difícilmente lo pueda ayudar a conseguirla. Recuerdo preguntarle a muchos amigos y conocidos si sabían donde conseguir crema, y al ver su cara de signo de pregunta recurría a las señas primero, haciendo el gesto de ordeñar a una vaca con mis manos, y obviamente me preguntaban si era leche lo que yo buscaba. No, se hace con leche pero no es leche, decía yo, y pensando me llevaban al supermercado y me mostraban yogur. Buscando en lo más obvio que era el diccionario entonces, les mostraba la traducción de cream y me llevaban a un producto que nada tenía que ver con la crema de leche.

Finalmente, los llevaba a la tienda de tortas (digo tienda de tortas y no panadería, porque si bien en Argentina las tortas se venden en panaderías, las panaderías tal como las conocemos acá, como muchas otras cosas, son muy distintas. Allá no se compra un kilo de pan, se compra un pan por persona y punto), les mostraba una torta y ahí si me decían aaaaahh…si, crema…no, no tengo ni idea donde podés comprar.

Un día un conocido me dijo que podría averiguar en un supermercado que vendían solo productos extranjeros. Fui al mencionado lugar y me encontré con un lugar del tamaño de un Wal-Mart, solo que todos los productos que vendían eran extranjeros, nada chino, y estaban separados con banderas de cada país para que uno supiera. Se podrá imaginar uno mi cara cuando vi un góndola con la bandera argentina y que esta, entre otras cosas tenía alfajores de dulce de leche. Se podrá imaginar uno también mi cara cuando vi que cada alfajor costaba entre veinte y cuarenta pesos.

Caminando por los pasillos finalmente me encontré con un pote de crema. Estas situaciones hay que vivírlas para entenderlas al cien por ciento, porque una vez más, hay cosas que las tomamos como algo normal, un sándwich de jamón y queso por ejemplo, pero cuando eso que es tan normal nos falta, es ahí cuando lo valoramos de verdad. En este caso me emocionó tener un pote de crema en las manos, pero de todas formas no lo compré ya que costaba unos cien pesos y por más desesperado que pudiera estar no estaba dispuesto a pagar tanto por algo que en mi país se consigue en todos lados. Además, si quería abrir una tienda de tortas y tenía que comprar un pote de crema por cien pesos, obviamente el negocio no iba a funcionar.

Pero yo no soy alguien que se rinda así nomás, no señor, y ya más loco comencé a buscar por todos lados. Zhufen se me unió en la búsqueda y cual sommelier comenzamos a comprar una porción de torta diaria para que el paladar se le acostumbrara a ese producto que tanto buscábamos, y tras haber recorrido cuanto lugar encontramos comenzamos a buscar en internet.

Finalmente, por esas casualidades del destino ella encontró en una página  que una mujer vendía la famosa crema, pero no era un local ni nada, era una mujer que vendía desde su casa. China no es como acá que a veces por cuestiones de seguridad uno tiene miedo de dejar un teléfono o la dirección, allá las cosas se manejan de otra manera y todo se puede hacer por internet, así que tras llamarla por teléfono la mujer le dijo que pasemos por su casa sin problema.

Fuimos entonces, y dudando si verdaderamente se trataba de crema lo que esta señora tenía llegamos a su casa en un barrio común y corriente. Al abrirnos la puerta nos llevó a un freezer que tenía y dentro del mismo había una gran cantidad de potes del preciado producto, los mismos que compramos en el supermercado de nuestro país y esta vez sí, a un precio razonable. Sin dudarlo compré dos y agendé el número de la señora, quien nos comentó que tenía esa “rareza” porque uno de sus hijos vivía en el exterior y siempre le mandaba, pero a ella no le gustaba esa cosa extranjera y aprovechaba para hacerse de unos billetes extra.

Y todo esto para comprar un pote de crema.

Obviamente, y como uno se podrá imaginar, la idea nuestra tienda de tortas se canceló. La idea de probar salsa de tomate, fiambre, manteca o un pan flauta entre otras muchas cosas también tuvo que ser postergada a menos que fuera a un restaurante de comida occidental o directamente, hasta mi regreso a la Argentina.

En China el café, como el que está al lado de la ventana, se toma bien frío, si es posible con mucho hielo, y cuando uno compra una Sprite, una Coca o alguna otra gaseosa en el supermercado esta viene atada con un jugo de frutas como señuelo. De a poco van entrando.

En China el café, como el que está al lado de la ventana, se toma bien frío, si es posible con mucho hielo, y cuando uno compra una Sprite, una Coca o alguna otra gaseosa en el supermercado esta viene atada con un jugo de frutas como señuelo. De a poco van entrando.


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Vientos de cambio

Yo soy de los que piensan que hay que disfrutar de cada momento como una parte única de la vida. Cada cosa que hacemos solo sucede una vez, y luego pasará a formar parte de nuestro anecdotario. Cuando era más chico practicaba karate, y cada vez que tenía una competencia, apenas terminaba ya estaba pensando en la próxima, casi sin importar si ganaba o perdía. Años más tarde comencé a darme cuenta de eso que señalé al principio, que cada momento es único y hay que tratar de disfrutarlo antes de dar el próximo paso. Eso fue lo que pasó con este blog durante este pequeño lapso de tiempo. Tras la salida del libro decidí desenchufarme y salir un poco. Lo volví a leer una vez más, pensé, reflexioné sobre cosas a futuro y de paso, salí a pasear un poco por Buenos Aires, cosa que hacía muchísimo tiempo no hacía, y al hacerlo me di cuenta que era más lo que conocía de China que lo que conocía de mi propia ciudad. La mayoría de nosotros, más que nada quienes vivimos en la ciudad, vivimos acelerados, ya sea por trabajo, estudio o diversas cuestiones, y a veces, en la velocidad de la vida cotidiana nos perdemos de muchas cosas que nos rodean.

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Este blog se llama Hernán por el mundo ya que no pretende hablar solo de mi vida en China, también pretende hablar sobre Argentina y otros lugares que vaya conociendo, y porque es leído por personas de todo el mundo. Por eso, a partir de ahora voy a incluir relatos y fotos también de Buenos Aires, que es adonde yo vivo, para que todas las personas que no sean de acá puedan conocer también como son las cosas por estos lados. Pero eso no es todo, también van a venir diversas novedades que sin dudas, harán de este un blog un poco más interesante, abierto a todos, pero con la misma idea de siempre, esa que me hizo escribir la primera línea, y que es hacer reflexionar y pensar a todos los que lo lean, sean de donde sean, para que descubran que hay un mundo enorme allá afuera, para que se rían, pasen un buen rato, se entretengan y pregunten todo lo que quieran preguntar. Después de todo, este blog es escrito por mí, pero está hecho por nosotros, ustedes y yo.

Así que prepárense y abran las alas, por que una vez más, estamos por volver a empezar.

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El nuevo novio de Maradona

Atención: este post no es solo para argentinos, solo que siendo argentino es lo que me tocó vivir. Este blog es leído por personas de muchos países y como siempre, es para todo el mundo. Aunque parezca algo patriótico no es esa para nada la intención. De hecho, quien escribe estas líneas es muy malo jugando al deporte que se va a mencionar.

Hay cosas que por más que uno las escuche o las vea por televisión, es imposible de imaginarse realmente como son hasta que uno no las ve o no las vive. Una de esas cosas es la fama que tiene el fútbol argentino en otros países. Aclaro por las dudas que yo no soy futbolero, de hecho soy el típico que se engancha para el mundial o los olímpicos y fuera de eso es poco lo que mira. Pero nos guste o no, si hay algo por lo que somos famosos los argentinos en el mundo es por el fútbol.

Cuando yo llegué a China supuse que pocos conocerían a la Argentina, más que nada por la enorme distancia que separa a los dos países. Para dar una idea, solo de vuelo, sin contar el tiempo que uno pasa en el aeropuerto por el trasbordo, es de treinta horas promedio. Por otro lado, y como ya comenté en otro post, la ciudad adonde yo vivía, Changsha, era una ciudad del interior, ¿Qué me iba a imaginar yo que aún ahí cada vez que dijera que soy de Argentina me iban a responder como si hubieran estudiado todos la misma respuesta Aaahhh…fútbol. El fútbol de tu país es muy bueno. Sigue leyendo


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Por diarios chinos y diarios argentinos

Durante mi estadía en China ya había salido en un diario de allá. Una noche había ido a una esquina de inglés, que era una reunión organizada por personas o escuelas chinas para practicar el mencionado idioma en las cuales uno se podía topar con gente de todo el planeta, y tras entablar conversación con una chica le conté que había ido a China para encontrarme con mi novia. Para mi sorpresa la chica resultó ser una periodista y al instante me dijo que quería hacernos una entrevista a Zhufen y a mí, sacarnos unas fotos y colocar la nota en el diario para el que trabajaba. Fue así que nos reunimos a la semana siguiente y al poco tiempo estábamos en todos los kioscos. Recuerdo que en ese momento yo era profesor de español y una mañana vinieron mis alumnos con el diario en una mano y una cámara de fotos en la otra, y la clase fue más bien como una segunda entrevista. Me faltaban los millones de dólares,pero estando yo sentado adelante y todos los alumnos en sus asientos preguntando me sentía como dando una conferencia de prensa como esas que dan los jugadores y los técnicos después de un partido.

Si ya se, faltó ponerme la camiseta de la selección. Bueno, igual  si prestás  atención en el texto dice que soy argentino

Si ya se, faltó ponerme la camiseta de la selección. Bueno, igual si prestás atención en el texto dice que soy argentino

Pero claro, no podía ser que solo en tierras asiáticas apareciéramos, faltaba la parte argentina para que sea ella quien le pueda contar a sus amigos que salió en la prensa de este país. Sigue leyendo


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Para que quede bien claro

¿Cuántas veces dijiste todos los chinos son iguales? ¿Y cuántas veces dijiste todos los asiáticos son iguales? Japoneses, chinos, coreanos…son todo lo mismo. Bueno, como siempre todo depende de como se vean las cosas y desde que perspectiva. Cuando yo estaba en China, a menos que me pusiera la tan famosa camiseta de la selección de fútbol nadie era capaz de adivinar de que país era yo. A veces lo hacían, pero de pura casualidad. Cada vez que le preguntaba a alguien que adivine mi país comenzaba la lista al azar: Estados Unidos, Canadá, Australia, España, Escocia, Alemania (lo juro), Holanda, y así con cualquier país occidental. Y cuando decía que era de Argentina automáticamente me respondían “aaahh…pero es que los occidentales son todos iguales”. Y sí, en un punto tenían razón. Por eso, como ya estaba cansado de que me confundan, y porque ya lo dije en otro post, siempre me gusta dejar una huella por cualquier lugar que pase decidí escribir en mi gorra la siguiente frase: Sigue leyendo