Historias de amor 3 El gran amor de mi vida

Nos conocimos en el verano del 48. Yo tenía 18 años, él uno más. Vivíamos en la provincia de Corrientes, en Argentina, en un pueblo rural. Estaba la plaza, la iglesia, y a un costado medio alejado el club donde los jóvenes nos juntábamos para hacer sociales. Cada sábado a las 7 de la tarde se organizaba un baile al que la mayoría de nosotros asistíamos. Las mujeres con vestido largo, los hombres de traje y la mayoría con sombrero. Yo estaba sentada en una mesa junto a mi padre (en esa época para salir a esta clase de eventos debíamos hacerlo junto a nuestros padres), y tal como era la costumbre Alberto se acercó y me preguntó a mi si quería salir a bailar y luego le preguntó a mi padre, quien tras mirarlo con un semblante serio me dejó ir. La verdad estaba un poco aburrida, así que le extendí la mano y fuimos a la pista del medio, y nos sumergimos en un baile que duró 60 años.

Las pasamos todas. Nos casamos y nos mudamos a Buenos Aires. No teníamos demasiado pero mi marido consiguió trabajo rápido en una fábrica. Tuvimos un hijo, compramos una casa, chica pero con un jardín hermoso en donde todavía planto flores de colores. Y llegó el segundo, pero a los 3 años por una enfermedad que hoy en día es curable se nos fue. No hay dolor más grande en el mundo que la pérdida de un hijo.

Y llegó la primera de las crisis económicas, esas que parecen cíclicas en Argentina. La fábrica cerró y con los ahorros que teníamos pusimos un kiosco en casa, que luego se transformó en almacén y con los años ya era un mercadito. Y vino el tercer hijo, y el cuarto, y cuando creíamos que la fábrica ya estaba cerrada llegó Cecilia, una niña. La más mimada y también la más malcriada.

Cuando la familia estuvo completa fuimos a la playa por primera vez y conocimos el mar, y nos gustó tanto que repetiríamos el viaje casi cada verano.

Con los años los chicos fueron creciendo y formando sus propias familias. Bueno, el del medio es un solterón, pero si el es feliz para mi es suficiente.

Creo que mi vida junto a Alberto fue un gran baile. Es lo que más amábamos hacer y fue, creo, la única actividad que repetimos durante toda la vida. Bueno, el experto era él, yo lo abrazaba y seguía sus pasos.

El año pasado se enfermó y en poco tiempo Dios lo llamó para reunirse con Julián, nuestro segundo hijo. Me puse muy triste, claro que sí, pero el final fue tan rápido que no sufrió mucho. Era, ante todo, un buen hombre. Lo extraño, pero no tengo apuro en irme. Sé que yo también estoy llegando al final de la montaña, y cuando sea el momento yo también me marcharé. Mientras tanto disfruto mis tardes junto a mis nietos, los que tengo ahora acá a mi lado, los que me ayudan a escribir en la computadora, y recuerdo con mucha felicidad al que fue, y sigue siendo, el amor de mi vida.

***

No te olvides de seguirme en las redes!

J. Hernan Lee en Instagram

Historias Verdaderas, de J. Hernan Lee, en Youtube

Para conseguir Mi Sueño Chino y llevarte una postal de China de regalo hacé clic en la foto de abajo. 

Por propuestas editoriales en revistas, periódicos o algún otro medio, entrevistas o propuestas de proyectos, también podés contactarme/nos haciendo clic acá.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s