Hernan por el mundo

La prueba de la bebida

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Si vos te querés hacer el que toma mucho, andate a China y si pasas la prueba me contás. Yo soy el típico que toma cuando lo invitan, generalmente en reuniones sociales. Si es por mi cuenta la verdad es que no consumo alcohol, y esto si bien no puedo decir que fue un problema, fue al menos un cambio que tuve que hacer para adaptarme a una cultura nueva.

Para empezar aclaremos, los chinos suelen tomar un vino blanco llamado baijiu, que es lo más fuerte que yo tomé en mi vida. La mencionada bebida tiene una graduación de alcohol que ronda entre el 52 y el 54%, y es literalmente tomar alcohol puro, no tiene sabor. Yo pensaba porque no iban a la farmacia directamente a comprar una botella de alcohol etílico que era más barato y el gusto era prácticamente el mismo.

El maldito baijiu

El maldito baijiu

La primera vez que tomé este vino fue cuando fui a la casa de la familia de Zhufen. Recuerdo que estabamos todos sentados en unas sillitas alrededor de una mesita (en China todo es ito) del tamaño de esas que se usan en el jardín de infantes. En la mesita habían puesto una botella de jugo, otra de Sprite y una botellita con unas letras chinas de las cuales no entendía nada. Entonces en un momento uno de los hermanos comenzó a decir unas palabras y como había uno que hablaba inglés me tradujo. Lo que pasaba era que estaban brindando y por eso comenzaron a llenar unos vasos con el contenido de la botellita. Yo no entendía nada, solo escuchaba que decían Ganbei, Ganbei, y gracias a ese universal lenguaje de señas supe que me estaban invitando a tomar, y al ver que todos tomaban yo también lo hice. Si ya sé, suena muy mal decir lo hice por que los demás lo hacían, pero en esta situación en concreto no quedaba otra. Con el tiempo supe que gambei quería chin chin o salud. Claro, yo no había tomado nunca eso y nadie me había dicho que en realidad debía tomar una medida cual si fuera whisky  así que cual niño que agarra por equivocación o por travesura el vaso de un adulto me tomé todo de un solo trago, hice un fondo blanco como si estuviera tomando gaseosa. Mi querido lector, si, a vos que estás leyendo estas líneas mientras te comés unas papas fritas de paquete o te tomás una coca, no tenés idea como me quedó la cara, los ojos me lagrimeaban y la lengua me quedó áspera. Pero eso no fue lo peor, lo peor es que cuando el vaso se termina los chinos por cortesía te vuelven a servir. Consejo de amigo (como la propaganda) si algún día llegás a viajar a China y te invitan a cenar, no te acabes el vaso. Pero aún eso tampoco era lo peor. Lo peor vino cuando cada dos o tres minutos volvían a brindar. Es que sí, los chinos brindan todo el tiempo por cualquier cosa.

-Estamos todos juntos
-¡Gambei!
Picamos un poco
-Por el cocinero que preparó la comida tan rica
-¡Gambei!
Picamos otro poco
-Estamos todos bien de salud
-¡Gambei!
-¿De dónde sos?
-De Argentina
-Por Hernán que juega muy bien al fútbol
-e…se…
-¡Gambei!

Lo peor era que yo quería la botella de Sprite pero no hablaba nada de chino todavía y no sabía como pedirla. Sin otra opción no me quedó otra que usar la famosa técnica de mojar los labios para salir ileso de aquella comida.

Pasó otra vez, en otra ocasión y en otro año, que fuimos a visitar nuevamente a la familia de Zhufen y unos parientes que vivían en el medio de una aldea, un lugar de película bien campesino, nos invitaron a comer. Yo siempre digo que los chinos que están acá en Argentina son muy distintos a los de allá. Los de allá son muy buena onda en general y están muy distantes del típico caracúlico de la caja del supermercado al que estamos acostumbrados nosotros. Y los que son de tierra adentro ni te cuento, muy buena gente. Entonces esa gente, al verme extranjero (se lo que estás pensando y sí, eran de una aldea pero los conocían a Maradona y a Messi) lejos de cortarme el rostro me abrieron la puerta de la casa, me convidaban cosas, me hablaban y me prestaban mucha atención. De diez. Pero ahí me desayuné que la gente del campo suele tomar más que los de la ciudad. Cuando nos sentamos a comer, éramos tantos que no alcanzaban los vasos. Vamos pensaba yo, hoy  tomo gaseosa, o agua, o yo que sé, nada. Pero no señor, ¿cómo vamos a dejar al extranjero sin brindar? Al minuto vino uno y me dio un bowl como el de la foto de abajo.

Y si, pum, abren la botella y me sirven ahí. No, para, me estás jodiendo pensaba yo. Pero no, miré a mi costado y otros también tenían un bowl así (se ve que se les habían roto algunos vasos, o quizás no recibían visitas a menudo). Sea como sea, los tipos agarraban el recipiente y tomaban como agua, y cada dos minutos gambei, gambei. Obviamente, yo también tuve que tomar, ya que por otro lado, no iba a dejar en cobarde a la gente de mis pagos. Muy probablemente nunca habían tenido un contacto así de cerca con un argentino o un latino, no podía dejar que piensen que nosotros no nos la aguantamos. No señor, yo me la aguanto.

Aca estoy sentado en una de las famosas mesitas con todos los bowl de comida. A mi derecha están el dueño de la casa y un amigo del hombre. Es la mejor foto que tengo y tal parece que el que la tomó había tomado mucho baijiu

Aca estoy sentado en una de las famosas mesitas con todos los bowl de comida. A mi derecha están el dueño de la casa y un amigo del hombre. Es la mejor foto que tengo y tal parece que el que la tomó había tomado mucho baijiu

Y así fue, habré salido con la cara roja pero con el honor de haberme ido caminando por mi cuenta. Esto me hizo pensar porque en China hay tantos dragones, de hecho una vez un amigo me dijo que ellos se llaman a si mismos hijos de dragones. Es que claro, con esa cosa que toman te sale fuego de la garganta.

 

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