Hernan por el mundo

Haciendo negocios en China (parte 2)

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El camino de regreso lo hicimos en taxi como ya dije, y abre pagado unos treinta pesos más o menos (en yuanes,obvio. ¿Quién te va a agarrar pesos en China). Pucha, re caro pensaba yo, aunque al volver a Buenos Aires me di cuenta que lo que allá pagaba por quince kilómetros acá lo pago por uno.

En Changsha los taxis eran azul y dorado. La gente caminaba por donde quería

En Changsha los taxis eran azul y dorado. La gente caminaba por donde quería

Cuando llegamos al shopping ya era tarde así que simplemente dejamos las cajas en nuestro local y nos fuimos a cenar una rica sopa de fideos…mmm…

Una riquísima sopa de fideos, con tomate, huevo y unas verduritas

Una riquísima sopa de fideos, con tomate, huevo y unas verduritas

Esa noche nos la pasamos pensando en la decoración y a mí se me ocurrió la brillante idea de poner banderitas de muchos países por todos lados para darle un aire más internacional. Ahora, ¿dónde íbamos a conseguir banderitas de países? Ni idea, pero debo admitir que soy un poco insistente, y cuando quiero algo lo quiero y punto.

Al día siguiente Zhufen sugirió ir a un mercado que se llamaba Gao Qiao, que quiere decir puente largo en castellano (gao=largo, qiao=puente). Que nombre más raro pensaba yo, ¿por qué le abran puesto así? Al llegar, en la entrada había un puente que curiosamente era muy largo. Con el tiempo me fui topando con situaciones similares las cuales me hicieron pensar que A) Los chinos tienen poca imaginación para los nombres, o B) Ni ellos entienden sus letras y por eso se manejan por medio marcas y construcciones dejadas por toda la ciudad.
El mercado en sí era espeluznante de grande, kilómetros de puestos y más puestos de todo lo que uno quisiera comprar. Era tan grande que tenía varias paradas de colectivo para que uno pueda ir a lo específico. Como nosotros estábamos medio perdidos preguntamos a un hombre donde podíamos comprar banderitas de países y el señor respondió:
-Ni idea, supongo que en la parte de artículos escolares pueden tener.
-Ah, ¿y dónde es eso? Le preguntó Zhufen mientras yo miraba a mi alrededor todos esos puestos con letras chinas y me sentía como en medio de un enorme desierto.
-Acá le dijo el hombre.
-¡¡Vamo!!

Y sí, nos pusimos a recorrer un poco y rápidamente encontramos las consabidas banderitas. Casi compramos al primer local que fuimos, pero tras juntar varias revolví  y no había de Argentina. Dale, te hago descuento insistía el vendedor. No, a vos no te compro. ¡Maradona, Messi! Me decía. No tenés la banderita de mi país, chau.

El segundo local que fuimos tenía banderitas argentinas así que ahí sí compramos todo y salimos contentos. Obviamente, imaginate que no iba a poner banderas de todos los países y justo la mía no.

Mientras yo me encargaba de la decoración interna del local, Zhufen fue a una casa de impresiones que estaba a una cuadra y copio la tapa de varios libros en tamaño gigante para pegarlos en la vidriera. También compró unas plantas para ponerlas adentro  y después fuimos a otro lugar donde nos hicieron el cartel de entrada (ese diseñado por mi) que es el que está puesto en la última foto de abajo. Terminado todo el trabajo, nos quedamos contemplando nuestra obra de arte y nos fuimos a comer para comenzar al próximo día con las actividades. Nuestro plan era que ella se quedaría todo el día en el local, y a la tarde, al terminar yo mis clases iría para quedarme hacerle compañia y a la vez hacer de señuelo para atraer a las indefensas presas.

Entrad y comprad, entrad y comprad…

Entrad y comprad, entrad y comprad…

Cuando abrimos oficialmente fue muy emocionante, era nuestro primer negocio propio. Obviamente de entrada no vino nadie salvo por unas pocas personas, pero a medida que se fue corriendo la bola fueron llegando más. Sin embargo con el correr de los días nos percatamos de un pequeño detalle y era que a los estudiantes chinos les encantaba practicar inglés, y los que hablaban español español, entonces venían a eso, a practicar su idioma. La mayoría pasaba, miraba el cartel, entraba, se encontraba con el extranjero y la típica, que haces, como estas, de donde sos, y entre pitos y flautas se quedaban hablando dos horas. No hay problema papá, pero comprame un librito viste.

Un mes más o menos sobrevivimos así, y como las cosas no parecían querer cambiar era momento de tomar medidas extremas, y cuando digo extremas digo extremas, aunque para eso vas a tener que leer la próxima entrada.

Para que las cosas salgan bien, hay que estar en cada detalle

Para que las cosas salgan bien, hay que estar en cada detalle

Obama y Bill Gates venden en todo el mundo

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No solo libros, también teníamos revistas en distintos idiomas

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Preparando todo para la inauguración

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